Publicidad:
Terra
La Coctelera

sisapo

Categoría: Amor

22 Mayo 2009

TANTA FELICIDAD, ¿PARA QUÉ?

 Se me hurtó la chica. No me la robaron, no; la perdí  o se alejó de mí – qué más da- en un momento  en que el rumbo de nuestros caminos nos separó con la violencia del mandato de un general en guerra. Claro que meses atrás el albur jugó sus cartas a nuestro favor y nos dio ases. Los aprovechamos y nos conocimos. Fue en un restaurante ¿recuerdas?, yo estaba en la barra bebiendo mis soledades del día, esas que me estaban acusando con aullidos largos la estupidez de un fracaso familiar. Yo bebía con desespero, a punto del vértigo, detestando todo, deseando a nadie, con la esperanza huída entre los turbiones desatados que acompañan al descalabro. Afuera llovía. Sueños truncos en la distancia, llorados por el recuerdo de las palabras que golpean y golpean hasta conformar la triste imagen de una vida que, de gritarle a los delirios, la voz se me quedaría ronca. Palabras que mueren en la boca, palabras en las que siempre estuvo ensartado el recuerdo de nuestra dolencia. Pensé salir a la calle y recibir la bendición del agua para calmar la sed de mi aprieto. No lo hice porque en aquella noche no tenía la intención de querer darle vida a lo que era cosa muerta. Tú esperabas mesa con unos amigos, también míos, y encaminé mis pasos hacia vosotros, cosas vivas y no muertas. Te vi de espaldas, esbelta y cenceña como un junco, con el cabello rubio y ensortijado hasta casi media espalda. Afuera llovía más aún. Nos presentaron – ella es Elena, dijeron- y me quedé con tus ojos esmeralda, tu boca carnal, tus pómulos firmes, tu palabra justa. Después te llamé, luego me enamoré y más tarde nos amamos no sin rastrear muy hondo hasta llegar a lo que me parecía estar demasiado lejos: tu mundo. Yo volví a la vida.

Te gustaba el campo, pasear por él, alancear los trigos con tus brazos largos como bicheros, entretener tu mirada en una flor o en una piedra, confundirte entre amapolas. Una tarde me adelanté a ti y te esperé al final de un surco. Eso fue por los primeros días de la escarda. El viento bajaba por la quebrada en tremolinas hasta las sementeras. Y la calina, sobre las tierras más altas, se habría en la huella de los ventarrones. Te me acercabas sonriendo y viéndote sonreír te tomé entre mis brazos y te tendí sobre la tierra. Musitabas sin convicción algún reproche inútil e innecesario que yo no escuchaba. Pero sí sentía en cada palabra el golpe de la sangre contra el pecho y el temblor de tus labios. Y aquel principio brusco se fue tornando suave, al fin fue roce leve entre la carne dura. Ya no hablabas, te dejabas hacer. ¡Dios, cuánto tiempo esperando esta revelación! Y así como cuando el sueño comienza a recoger la embriaguez de los sentidos, así cerraste los ojos y te dejaste transportar en la nube del sinjuicio y de la sinrazón hasta el estremecimiento en las entrañas. Y yo contigo. También nos acompañó el viento que hizo silencioso su rumor esquivando la tortuosidad del campo.

Eso fue la primera vez. A mí me pareció que tu sangre y la mía eran la misma y circulaba por el mismo torrente; que los pájaros sentían envidia; que todas las nubes del mundo se calmaban. Tú me dijiste: “hemos hecho mal pero no me arrepiento, te lo juro por el viento que nos acaricia”, ¿te acuerdas?

Te uniste a otra persona en matrimonio. Pero ¿y qué? Tu cuerpo seguía siendo mío, tu alma, también; lo mío tuyo. Los días pasaban, a veces oscuros como ramazones, a veces claros como una gota de lluvia. Así hasta que tu cuerpo se fue volviendo pleno, se te juntó la carne en la redondez de las caderas y el latir de la sangre te fue hinchando los senos. Un día de nubes cargadas como vientres, que lanzaban guijarros sobre el cristal de la ventana, me viniste a anunciar una vida encajada en tu cuerpo. Con valores de tierra removida mezclé mi aliento, y mi cara se pobló de muecas como las que preceden al desbordamiento de la pasión. ¿De quién, de quién es? Ni una palabra esclarecedora salió de tu boca. “Te tengo en mis sueños y siempre te tendré mientras tenga ardor mi memoria”. Sólo eso me dijiste. Y fueron mis ojos como lunares de candela.

Ya no éramos los mismos.

En mí se hizo resignación lo que antes fue ansiedad para una respuesta o para un guiño. Circuló entre nosotros un tiempo angosto y estirado en un derrumbamiento sin rastros ni sonidos, como condenado al fondo de los degalgaderos del olvido. No encuentro el lugar para el regreso y no sé qué cosa oscureció el camino, sólo sé que mi soberbia afloró y se negó a desandar el trecho para evitar que un tiempo sin tropel ni roturas resbalara también en la caída.

¿Qué fueron de nuestros sueños?

Esto lo estoy recordando en la barra de un bar. Como antaño. Yo con mis soledades y tu ausencia, a trago limpio con mi copa y con mi orgullo, apagando los gritos, los golpes de rebenque, el eco distante de los gritos, y sin voluntad para arrancar las espinas clavadas en mi desconsuelo. Yo tampoco te diría lo que he soñado en este último año sin ti, porque es triste recordar lo que el recuerdo trae en penas y quebrantos, si por penas se entendiera este ardor en los ojos cerrados y muertos.

Afuera llueve. Escucho la procesión del tiempo, la bajada del aire por la quebrada con sus bramidos largos, tan tristes y tan largos como aullidos de bestia en bramadero. Bebo con desespero, a punto del vértigo. Vuelvo al principio de mi dolencia, antes de conocerte; como si dos años no hubieran transcurrido, como si todo haya sucedido en un sueño en el que estoy sumergido aún. La vida ha descrito un círculo, me ha embarcado en él, ha borrado todas sus huellas y me ha dejado con lastre en el punto de partida. Me vienen los cangilones por donde ronda la muerte con sus malos remiendos, y esas imágenes que fluyen por los temores de la memoria. No quiero despertar, no quiero volver a casa, no quiero ser yo. La vida es cruel. Tanta felicidad, ¿para qué?

 

servido por sisapo 10 comentarios compártelo

1 Julio 2008

SIN TI LOS PÁJAROS NO PASAN POR MI CIELO

________

Te encontré de nuevo, princesa. En medio de la primavera y tras meses de ausencia te volví a ver en la cena de la Convención. Te sentaste a mi lado y participamos en una charla banal, compitiendo en insipidez con el resto de los comensales. Luego, a solas y lejos, hablamos de nuestras cosas: el motivo de nuestro silencio, de tu nuevo trabajo y nuevo destino, de mi vida, de la tuya, de mis proyectos, de los tuyos..., y llegamos a la conclusión que ninguna persona se había interpuesto entre nosotros. En ti y en mí vivían felices e intactos los recuerdos.

Entre cristales oscuros y luces veladas, con la voz baja, celosa de otras voces, hablábamos. Muy cerca, muy juntos. Y fuiste tú quien se adelantó a mis deseos y rozaron tus labios los míos. Noté la calidez de tu persona, la tibieza de tu cuerpo, el aleteo de tu pecho.

Me reclamaste de nuevo.

No me lo pidas, no te merezco; tú sabes quien soy, sabes que no soy libre y que no moveré un dedo para liberarme de mi atadura familiar; a pesar de que los mejores caminos los hemos recorrido tú y yo, escondidos, huidos, enredados en un amor prohibido. Dura es la carga de arrastrarse uno mismo sin esperanza.

Princesa, el impulso sexual está hecho de la misma materia que el religioso. Eso dicen. Desearte es rezar, y por eso parece un misterio querer averiguar todo lo que Dios quiere que hagamos más allá de la religión o de la moral. Nada de eso me interesa. Mi religión eres tú y cuando estás cerca como ahora pienso que Dios es una letra, una palabra, un poema o un libro que no se deja escribir. La confusión revolotea en mí.

Dices que soy tu dios y yo te digo que mi dios eres tú. ¿Dónde está la verdad? No existe fuera de nosotros, sino en función de nosotros. Todo lo que pasa y todo lo que es está hecho para ambos.

No me pidas que te siga. Siempre tendré excusas para seguir viéndote, para continuar amándote; pero mis pasos no son los mismos que los tuyos. Una primavera nos buscó y en esa primavera te amé, pero ahora te hablo sin tener la conciencia clara y me dejo querer. Y todo lo que hablo es mentira y todo lo que hablo es verdad. Si lo pretendemos habrá otras ocasiones como ésta y me mirarás a los ojos como sólo tú me has sabido mirar, y yo callaré porque me gustaría inventar palabras, pero en el amor todas están inventadas. Ya no hay palabras que no se dejen hablar o escribir. Pero si esta ocasión es la última y no te vuelvo a ver nunca más me parecerá que he dejado de existir, sin darme cuenta que la vida es importante aunque no lo sea, pero es lo único que tenemos.

Princesa, no te vayas, yo pienso en ti. Tal vez el misterio de la vida sea eso, pensar en ti, gritándole a Dios, un dios que puedes ser tú.

Si te vas, ya nada será igual. Habrá un viento que me estará llamando y con él oiré tu voz, te sentiré muy cerca y recobraré la geometría de tu cuerpo, nunca olvidada. Aún así no me exijas que te acompañe en tu caminar.

Pero siempre te esperaré, pase lo que pase. Ven desde todos los caminos, por las pistas del cielo, por donde sea; pero ven. Desde los amores truncados, desde los pasos perdidos, desde la melancolía que hay detrás de una despedida, desde las renuncias, desde el juramento, desde el otro lado del mundo, ven. ¡Ven! Yo acudiré desde el último rincón del planeta, desde el sendero que habitan los furtivos y no tienen otra patria más allá del susurro de un nombre o el de una esperanza muerta. Me protegeré con ropón taimado y volveré a hacer un viaje más para seguir andando por los caminos de sombras y por las tardes con amor.

Princesa, soy un dibujo en el aire, una brisa, una senda en el cielo, una onda en el lago: total, nada. Recuerda que una vez doblada la curva del tiempo nos juramos desobediencia a todo lo impuesto, y nos prometimos vencer al abismo y a las tinieblas. No te importó jurar. Ahora a mi tampoco me importa invocarte. Ven, estoy solo. Esta noche ven. No sé estar sin ti. Te he visto en el perfil de otras mujeres, he tocado otros cuerpos porque eran el tuyo, he amado porque era a ti a quien acariciaba. Y si han fingido amarme, he descubierto la trama porque estoy acostumbrado a tu calor y a la forma de apurar la copa.

En tus ojos hay anocheceres excelsos, déjame esta noche mirarlos de cerca, reconocer su brillo, y yo cruzaré la orilla de la prudencia y del riesgo para romper la corteza de la vida, que es fruta, y libar su pulpa. Después te guiaré cuando se vayan las estrellas, yo conozco la oscuridad, ya los sabes de otras veces; he caminado por su centro y he vivido junto a los que en amor nada tienen que perder. Quédate conmigo esta noche, toca mi mano, interpreta de nuevo los enigmas que ningún hechicero sabrá descifrar nunca; léeme la carta que aparece en mi sonrisa, esa misiva que se queda flotando hasta que el calor de tu cuerpo la borra y la cubre toda de olvido.

Te amo y te espero. Llega antes de que el reloj de la medianoche llore el nuevo día. Cantará el gallo y no lo oiremos. Ven antes de que la tramontana del tiempo liquide nuestras cartas de la suerte para siempre, deshoja los pétalos de tu vida, acude pronto.

Te espero con una copa en la mano, con un brindis al cielo y con un ruido de máquinas en mi cerebro. Sin ti los pájaros no pasan por mi cielo.

Te lo suplico, equivócate y ven.

Pero no me pidas que te siga.

Yo siempre te llamaré.

Y tú, ¿me contestarás?

servido por sisapo 12 comentarios compártelo


Sobre mí

_________________________________________________________________________________ Mi web:
www.sisapo.es
Mi correo:
unalamillero01@msn.com ______________________________________________________________________________________ Soy un hombre del montón, pulcro y mórbido por el orden. Juego al ajedrez, hago crucigramas, bebo whisky de malta cuando escribo en noches cerradas, desentono en mi boca de lengua torpe algunas arias italianas mientras el agua de la ducha enfría mi cuerpo, pregunto sin pudor lo que ignoro y escucho complacido a los que hablan con sentido común. Los defectos los tengo en mi sitio y controlados y a mis alas no les falta ni una pluma. He sido expuesto a sequías y desmadres con las que he aprendido a convivir. Huyo de las joyas y de las pomadas y soy de conversación corta, fundada y terminante. En fin, un cabo de raza sin atractivos ni brillo. Del montón, ya quedó dicho. ____________________ ______________ contador de visitas
Free counter and web stats ________________________________ Mi tecla __________________

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?