
Meses y meses sin llover. Talavera lo sufre. Sufren nuestros cuerpos la sequedad de este largo y tedioso verano. Se empiezan a secar las hojas de las vides y la sábana verde se torna morada, como un encerado suelo de eucalipto. Los árboles, fresnos y álamos, uno aquí, otro allá, son solitarios centinelas de una campiña huraña y agotada. Relucen las aguas plateadas del canal que lleva la vida a los huertos cuando lo manda la ley del hombre. Cuando no, el canal es una cinta curvada de hormigón gris con polvo y guijarros del tiempo. La alfombra, a veces del color de la gualda y a ratos pardusca, se estira al sol, y allá, en limpia lejanía, lucen los albos casares de los pueblos periféricos: Talavera la Nueva, Alberche, Gamonal, Velada, El Casar de Talavera… Son pinceladas de cal en el ocre del lienzo.
El día se iba lánguido y plácido, pero anoche la ciudad se oscureció; la luna, en franca decadencia, y los luceros, noctilucas celestes, se ocultaron para dar paso a la nube amenazante. Temblaba el cielo de ruidos y de luz. Y llovió. ¿He dicho llovió? Cuatro gotas, pero ¡cómo se agradecieron! ¡Cómo buscaba refugio la gente, cómo se dejaba mojar, cómo se esperaba el relámpago, cómo se contabilizaba la distancia, cómo se observaba el reventón de la uva de agua en el suelo! La tierra, en un último suspiro, exhaló su aroma alotrópico propio del momento y volvió a su ser, como si nada hubiese sucedido. Ni un charco quedó como traza, ni una salpicadura de coche en su rodada. De nuevo volvemos a la normalidad, al calor opresivo, al agotamiento, a la aspereza, al estiaje. Este verano está siendo muy descortés: no nos anima con una tregua. Pero esto es La Mancha y sabemos que así es ella y así la aceptamos.
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CALILA E DIMNA
A mediados del siglo XIII se traduce esta colección de cuentos procedentes del Panchatantra hindú. Penetra en Occidente a través de las literaturas persa, griega y árabe y es traducida al castellano en la época del Alfonso X. Los protagonistas son animales que representan historietas, de las que se deducen moralejas adecuadas a la intensión moral del cuento.
Calila y Dimna son dos lobos hermanos, súbditos de la corte del rey león, que llevan adelante las fábulas que comienzan con la que aquí traigo, dando así el nombre a toda la obra. En algunos relatos dejan el lugar a un filósofo que responde a las preguntas que le formula un rey.
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Dijo Dimna:
- Dicen que un cuervo tenía su nido en un árbol del monte, y cerca de él en una cueva había una culebra, y cada vez que sacaba el cuervo sus pollos se los comía. Y después que se lo hubo hecho muchas veces, tuvo el cuervo un gran pesar y se quejó a un amigo suyo de los lobos cervales y le dijo:
- Quiero ir donde la culebra y picarle los ojos y así se los quebraré; y si tú me aconsejas que lo haga, espero alegrarme.
Le dijo su amigo:
- ¡Qué mal está eso que piensas hacer Procura lograrlo de otro modo, no te vaya ella a hacer mal. Y ten cuidado no te pase lo que a la garza, que quiso matar al cangrejo y se mató a sí misma.
Dijo el cuervo:
- ¿Cómo fue eso?
Dijo el lobo cerval:
- Dicen que había una garza que había hecho su nido en una ribera muy placentera, donde había muchas truchas. Y envejeció y no podía pescar y, como tenía tanta hambre, se las arreglo para engañar a aquellas truchas y aquel pescado, y dio muestras de gran tristeza y cuidado. Y un cangrejo las vio desde lejos. Vino hacia ella y le dijo:
- ¿Qué te sucede que estás triste y pensativa?
Dijo ella:
- Bien que mal sabía vivir de las truchas, y sucedió que hoy vi a dos pescadores venir a nuestro lugar, y uno le dijo al otro:
- ¿Por qué no echamos alguna vez la red a esas truchas que están en este lugar?
Dijo el otro:
- Vayamos antes a un lugar que yo sé, donde hay muchas truchas, y después vengamos aquí a arramblar con todas.
Y yo sé que si ellos han acabado ya de pescar aquellas por las que fueron, que ya estarán a punto de volver, de modo que no va a aquedar aquí ninguna, y ésta es mi muerte y mi desfallecimiento.
Y se fue el cangrejo a ver todas las truchas y pescados y se lo hizo saber. Y todas se reunieron y le dijeron:
- Venimos a verte para que nos aconsejes, pues el hombre entendido no deja de aconsejarse de su enemigo, siendo de buen consejo en las cosas que se pueden ayudar de él. Pues si vivimos nosotros es en tu provecho y bien puedes aconsejarnos.
Él les dijo:
- Nosotros no podemos oponernos a ellos, pero yo sé un lugar donde hay un piélago muy grande, donde hay mucha agua y se está muy bien. Y si quisierais podíamos ir a allá, porque en esto consiste vuestro provecho.
Dijeron ellas:
- ¿Y quién nos hará este favor sino tú?
Dijo ella:
- Yo lo haré para ayudaros.
Comenzó a llevarlas de dos en dos cada día, y las llevaba a la ribera y allí se las comía. Y vino el cangrejo hacía ella y le dijo:
- Yo tengo miedo en este lugar; si me sacares de aquí harías bien.
Ella le llevó hasta el lugar donde se las comía, y vio el cangrejo todas las espinas de las truchas. Se dio cuenta, entonces, de que ella las comía y que quería hacer lo mismo con él, y se dijo para sus adentros:
- Cuando el hombre se encuentra con su enemigo en los lugares en que sabe que lo matará, debe pelear con él por su honra o por precaverse, bien pueda vencerlo o no, y no le humille ni le domine.
Y cogió con sus tenazas el cuello de la garza y la apretó tanto que la mató. Después se volvió el cangrejo donde las truchas y les dio noticias de la garza y de las truchas que se llevaba cada día y de cómo se las comía, y contó que la había matado, así es que se quedaron en aquel lugar.
Y yo no te di este ejemplo sino para que sepas que algunas artes son de las que matan al que las hace; así es que vete volando por el aire y busca algunas sartas(de perlas) y cuando las vieres, arrebátalas a los ojos de los hombres. Después vuela con ellas, y no desaparezcas de su vista, pues te seguirán. Y cuando llegues a la cueva de la culebra, échaselas encima y los hombres las cogerán y matarán a la culebra.
Y el cuervo hizo lo que le aconsejó el lobo cerval, y tomó las sartas y las echó a la puerta de la culebra que dormía y todo esto lo vieron los hombres. Y cuando hubieron cogido las sartas vieron a la culebra y la mataron, y el cuervo se alegró mucho.
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Cervantes, en su obra magistral “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha” ofrece, como buen condimento, un sinfín de citas geográficas, y glosa con gusto las costumbres gastronómicas manchegas. Mas, al hablar de productos y platos manchegos, Cervantes es cauto con el fin de no adscribirlos a punto alguno, al igual que niega cuna al prosista de don Alonso Quijano “cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de La Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero”.
De este modo, no dice qué población manchega ostenta la paternidad de las gachas, aquellas tan blancas, que, un día, don Quijote confundió con requesón y que Sancho Panza había guardado en su celada. Ni cuál es el lugar donde se dio luz al queso manchego que Cervantes antepone al entonces muy afamado y turolense de El Tronchón.
Por el contrario, el héroe lepantino sí refleja el difícil equilibrio alimenticio, pues unas veces abunda la comida y otras escasea, tal y como corresponde a un mundo antiguo que se dividió en pueblos que comían bien y pueblos que no. No es extraño que sentenciara aquello de que “la mejor salsa del mundo es el hambre”, porque cuando esta campea todo sabe exquisito. Cruel péndulo que oscila entre la cocina de un rico labriego, buena y abundante como la narrada en las bodas del afortunado Camacho, y el semanal menú del enjuto hidalgo, que si no era de gotera poco le faltaba: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos…”.También hace relato Cervantes de la apetitosa dieta de los hombres de iglesia, en especial de los sujetos a las órdenes militares que tanto asiento disfrutaron en La Mancha. Gracias a ellas todos los platos presentados ante Sancho al tomar posesión de su ínsula Barataria nacen en la cocina noble de esta tierra y, en consecuencia, son desconocidos para él, hombre de concreta cultura gastronómica de raíz islámica. Motivo de alarma y miedos inquisitoriales para el fiel escudero al escuchar de labios del bachiller Sansón Carrasco que el consumo de esas viandas era frecuente entre gentes seguidoras del profeta.
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Estoy escamado de las promociones editoriales españolas. ¡Cuántas veces me han engañado los comentarios sobre libros de ciertos críticos literarios! En estilo galante y culto (nunca he leído una glosa o apostilla que incrimine, todo son parabienes) sobre revistas y prensa de marcada seriedad. He ido raudo a la librería, tras la exposición de una crónica magistral, he comprado o encargado el libro y no he podido pasar de la mitad, y eso aún haciendo esfuerzos por corresponder a la bondad de las manifestaciones del adalid literario de turno. Al final, a la hoguera con el libro o los libros, al estilo de como lo hicieran el cura y el barbero en uno de los episodio más llamativos del Ingenioso hidalgo Don Quijote.
Yo creía que el equivocado era naturalmente yo, que no sabía interpretar correctamente el mensaje del libro ni del reseñador, ni del publicista, ni de la editorial, ni de cuantos personajes revolotean alrededor de un libro. Pero heme aquí que me topo con una noticia que me hace sospechar de la calidad de los escritores y de los autores que benefician sin tapujos títulos y autores.
Resulta que el 31 de marzo Espido Freire conquistó el premio Llanes de viajes (flipo por estos temas), dotado con 30.000€, gracias a un jurado del que formaba parte el novelista Fernando Marías. El 25 de marzo de 2008, Fernando Marías obtuvo el Gran Angular, dotado con 100.000€, con Freire en el jurado; el 26 de junio de 2007, Espido ganó el premio Ateneo de Sevilla, dotado con 42.000€, concedido por un jurado en el que figuraba… - ¡premio para el acertante!- Fernando Marías. También han sido miembros de un mismo jurado (Ciudad de Barbastro de Novela Corta) y se han sucedido en otros (el premio de Periodismo sobre el Zapato femenino Luis G. Berlanga, dotado con 3.000€, que ganó ella en 2009 y en 2008 él. Pero no todo es premio: Marías es editor de obras colectivas sobre el maltrato femenino (Península), cuentos de Poe (451 Ed.) o el acoso escolar (SM), en los que ha participado Freire, mientras ella le ha correspondido invitándole al ciclo “Escritores cara a cara” organizado por la Junta de Castilla la Mancha.
¡Qué hermosa es la amistad!
Lo he leído hace unos días y está copiado casi literalmente.
Yo no digo que siempre truene, pero tormentas haylas.
servido por sisapo
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No se sabe muy bien la razón, pero parece que acostumbramos a descartar, casi de entrada, las visitas y excursiones a las zonas llanas. Pareciera que una llanura extensa, sin más límite que el horizonte, y sin relevantes cambios en el paisaje, no es un lugar digno de ser visitado, que carece de atractivos; y que no nos podía deparar platos exquisitos que degustar. Pero no es así. Las estepas, depresiones o llanuras guardan, salpicados entre sus vastas extensiones, multitud de detalles para ser paladeados por el caminante. En las llanuras, nosotros mismos somos los responsables de encontrar el atractivo, porque no lo condiciona la espectacularidad. Nosotros somos los que tenemos que buscarlo. No será fácil, en un primer golpe de vista, descubrir todos los detalles que atesoran los parajes llanos. Pero, por eso mismo, tendremos que ir más atentos, sustituir el esfuerzo de subir cuestas por el mirar con más agudeza, con más intensidad...
Y seguro que acabaremos por descubrir muchos de esos detalles, invisibles en la inmensidad del horizonte, pero increíblemente bellos a la observación tranquila y serena.
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