UN POETA NOBEL ESPAÑOL: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Puesto que nació en la noche de Nochebuena, creo que es justo traer hoy a estas páginas la figura de este gran poeta. He aquí, pues, una sinopsis de este “Andaluz Universal” al que los temas exóticos, alejados de la realidad cotidiana, y los nuevos ritmos métricos, le fascinan. Está, junto a Rubén Darío, en el origen del movimiento modernista.
BIOGRAFÍA

Juan Ramón Jiménez es uno de los más importantes creadores de la poesía universal de todos los tiempos. No es fácil encontrar en nuestro siglo pasado otros nombres de su magnitud, tanto por la calidad de su escritura como por la vastedad de su proyecto, alimentado con conciencia y regularidad -“Como el astro, sin precipitación y sin descanso”, según la máxima de Goethe que él hizo suya durante seis décadas. Y a pesar de todo, se quejaba de que sucedía con él como “los poetas de obra larga, sólo leídos en parte y siempre en la misma parte”.
Alguien ha dicho que la poética juanramoniana es estricta en el doble sentido de rigurosa y de estrecha. Fuera de ella queda todo lo que no sea indagación absoluta, sed de eternidad, anhelo de belleza. Juan Ramón no entiende la poesía como juego ni como experimento, aunque los encontremos en algunas ocasiones.
Palos de Moguer. Filo de la madrugada del 23 al 24 de diciembre de 1881. En la casa “Grande” de la calle de la Ribera nacía a las doce en punto, Juan Ramón Jiménez Mantecón. En este mismo año nacieron Picasso, Teilhard de Chardin y Alexander Fleming. Un año más tarde, Joyce y Strawinsky; y dos más, Kafka y Ortega y Gasset. Fueron años fecundos para la literatura, la música y la pintura. Porque mientras en España domina la poesía de Campoamor, Núñez de Arce, y aleteaba la sombra de Zorrilla, en Francia se va imponiendo la pintura impresionista y la poesía simbolista. Juan Ramón nace, en efecto, en un momento prodigioso y en un lugar que marcará el resto de su vida. “Te llevaré, Moguer, a todos los países y a todos los tiempos. Serás por mí, pobre pueblo mío, a despecho de los logreros, inmortal”, dijo.
Los recuerdos infantiles acompañarán a Juan Ramón a lo largo de toda su existencia y en ellos se encuentran las raíces de su carácter, más contemplativo que activo; su tendencia a la soledad; su amor por lo sencillo. Estudia con los jesuitas y de esta etapa quedará un poso religioso que ya no lo abandonará jamás a pesar de escribir: “me veo con mi fantasía infantil asesinada y enlutada por la enseñanza jesuítica”. Después se matricula en Derecho y asiste a clases de pintura. En su formación literaria destacan la importancia de Bécquer y el peso de la tradición clásica española que le hacen mover hacia el Romancero.

Abandona la carrera y regresa a Moguer, enfermo y arrebatado definitivamente por la literatura. Tres años más tarde es reclamado por Rubén Darío, al que visita en Madrid. Empieza a publicar. Reside en Madrid veinte años (1916-196) y en los últimos abandona su estancia madrileña. Abandonado y dolido, escribe:
Madrid hoy ya no tiene atractivo para mí; yo he sacado de Madrid todo lo que podía darme, y hoy no me añade nada. En realidad, amigos de verdad no tengo aquí ninguno, y a las gentes de mi profesión no quiero verlas: a los mayores y a los de mi generación porque por circunstancias diversas todos vivimos apartados unos de otros, y a los demás porque yo he perdido bastante tiempo en ayudarles para que todos se hayan unido contra mí.
Un mes antes del comienzo de la Guerra Civil española abandona España definitivamente para nunca ya regresar con vida. Se instala en Puerto Rico para cumplir un compromiso con el Departamento de Educación. Ya su vida se convierte en un éxodo imparable. La Habana lo acoge durante tres años. Pronuncia conferencias en la Universidad de Miami, enseña en la de Maryland, viaja por Florida... Pero es en Puerto Rico donde muere Zenobia, su esposa, y tres años después él, el 28 de mayo de 1958, tras un periodo de depresiones continuas y padecimientos nerviosos.
Le fue concedido el Premio Nobel de Literatura el 25 de octubre de 1956.
Su obra en prosa más conocida y uno de los primeros libros que leí en mi juventud, y que me ha marcado extraordinariamente, es:

Hay en esta obra un anhelo sincero de comunicación con la naturaleza. A partir de Platero ya no pueden establecerse límites entre su poesía y su prosa. El propio poeta dijo entonces:
No hay prosa y verso. Todo es prosa y todo es verso. Para mí sin duda, todo es verso como para mí todo nuestro movernos es danza.
Adelantamos que PLATERO: “Es pequeño, peludo suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. Así comienza el libro.
Este asno era el que Juan Ramón montaba para ir al campo o bien para ir a casa de su prima que estaba casada con un médico. Al morir el asno, Juan Ramón sintió tanta pena por él, que escribió un libro en el que este burrito es el protagonista.
Por las fechas que estamos viviendo he elegido un capítulo acorde, coherente.
NAVIDAD
La candela en el campo...! Es tarde de Nochebuena, y un sol opaco y débil clarea apenas en el cielo crudo, sin nubes, todo gris en vez de todo azul, con un indefinible amarillor en el horizonte de poniente... De pronto, salta un estridente crujido de ramas verdes que empiezan a arder; luego, el humo apretado, blanco como armiño, y la llama, al fin, que limpia el humo y puebla el aire de puras lenguas momentáneas, que parecen lamerlo.
¡Oh la llama en el viento! Espíritus rosados, amarillos, malvas, azules, se pierden no sé dónde, taladrando un secreto cielo bajo; ¡y dejan un olor de ascua en el frío! ¡Campo, tibio ahora, de diciembre! ¡Invierno con cariño! ¡Nochebuena de los felices!

Las jaras vecinas se derriten. El paisaje, a través del aire caliente, tiembla y se purifica como si fuese de cristal errante. Y los niños del casero, que no tienen Nacimiento, se vienen alrededor de la candela, pobres y tristes, a calentarse las manos arrecidas, y echan en las brasas bellotas y castañas, que revientan, en un tiro.
Y se alegran luego y saltan sobre el fuego que ya la noche va enrojeciendo, y cantan:
... Camina, María,
camina, José...
Yo les traigo a Platero, y se lo doy, para que jueguen con él.










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rapme dijo
Qué bonito! Gracias por traerlo también para nosotros.
Ya me he puesto al día en tu blog y veo que hay mucho y bueno, amigo.
BESOS!
16 Diciembre 2007 | 12:02 AM