UN VIAJE SIN BRÚJULA

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Esto aparte, tengo en mí
todos los sueños del mundo.
PESSOA
A veces se viaja para olvidar; pero sólo a veces. Y cuando se viaja sin prisa, reposado el corazón, uno lo hace para encontrarse con emociones nuevas o para crear nuevos recuerdos o para enfrentarse a los antiguos. Andando el camino, con el paso recio y lento, la mirada arrogante y fija –como que todo lo puede-, da tiempo para lo que se quiera hacer si, además, al paisaje somos capaces de eternizarlo. Cada jornada va llenando de recuerdos la cabeza del caminante y esta circunstancia le hará repasar, fotograma a fotograma, las imágenes remotas de la memoria. Porque el paisaje es memoria; el paisaje mantiene vivas las siluetas en penumbra del ayer lejano al tiempo que acerca los recuerdos, ya olvidados con el ejercicio de trajinero del que uno siempre ha sido fiel alumno.

Uno merodea por los linderos fugitivos de la memoria y hay un estremecimiento cordial y anímico de la belleza retenida; de esa belleza que sirve para sumar vida, para agregarle más vida a la vida. Y es que tira mucho de los paisajes del alma la verticalidad interior de la llanura, de los cerros, de la encina, de la piedra y del agua. Tira mucho mi Valle, mi pueblo y mis gentes.
No soy nada

Sé muy bien cuán pretencioso es intentar recoger en este libro los tonos ocráceos de las tierras, el silencio del encinar, el aroma de la yerba o la sensación de calor y de soledad; recoger de una charla el espíritu pasional del hablador o capturar el alma siempre difícil de sus habitantes; pero... doy lo que tengo, lo que tiene mi memoria de anhelantes palpitaciones; memoria que siempre me ha situado en un camino perdido, o en la orilla de un arroyo, o tirado en la yerba como una brizna más. O entre la sangre salvaje de las amapolas.
No puedo querer ser nada

Quien esto escribe, que ama a su pueblo y a las gentes que lo habitan y lo habitaron, mira esta tierra con la altivez de quien sabe poseerla. Pero también con la humildad de quien reconoce no merecerla porque nada ha hecho por ella. Este sentimiento de culpa, punzada vieja, me anima a pagar tributo con este libro que no busca otra cosa que no sea testimoniar mi cariño a mi tierra. Un impuesto humilde y sentimental.
...todos los sueños del mundo.
En este recorrido he hallado personajes, actitudes, situaciones, estados de ánimo, paralelos a lo que se dice y cuenta en el Quijote. No parece sino que nada hubiera cambiado desde entonces excepto el tiempo. Tal vez ni el tiempo, que no habrá querido liberarse de la época para presentarnos su herencia como trasunto de lo vivido. Sencillamente, en el alma del Valle, de sus pueblos y de sus gentes vive con fuerza el aplastante sentido común de sabia adaptación a las difíciles circunstancias, y el insolente y vacuo palabreo. El alma de Don Quijote y Sancho está presente en cada dicho, en cada postura, en cada intención. Andan por el Valle espíritus quijotescos y sanchopancescos en una misma persona que a veces quiere ser Dios y a veces quiere ser Satanás.
...No soy nada.






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pepita-grilla-y-grunona dijo
Muy bueno.¿Como me puedo hacer con tu libro?
Un impuesto nada humilde, creo
lo tuyo es un IBI Impuesto de Biennacido e Inteligente
Ser agradecido es de ser biennacido, dicen...
un abrazo
17 Enero 2008 | 11:08 AM