EL ZORRO O LO QUE SUEÑA UN NIÑO CUANDO LEE TEBEOS


EL CABALLO COLÍN
-A mí me gusta pasear a caballo; mi tío tiene uno, blanco y colín, y de vez en cuando me sube a él. Esta noche me he empeñado en que voy a dormir cabalgando, estoy seguro de ello; porque lo pienso tanto que no hago más que meterme en la cama y no termino el Padrenuestro cuando ya estoy montado.
-Y soñé que era El Zorro. Y aún ahora me parece real la escena. Busqué en la cámara todos los trapos viejos y negros acumulados en el baúl que la Obdulia ha confiado a la casa, cosí los trozos con guita y alambres y me hice una vestimenta a propósito; no me importó que al no haber tela bastante una pernera quedara más larga que la otra. Por probar mi obra, tiré de los cachos de tela y como unos eran de algodón, otros de lanilla, otros de ranzal y alguno de satén, se deshicieron por las costuras y tuve que recomenzar la obra. Así hasta la media noche. El antifaz lo suplió mi industria; me pinté la cara con un palito de picón para el brasero que cogí de un saco que se guarda en el almacén, y para la espada partí una lanza de vareaje y la empuñé por el lado contrario al astillado, que iba a ser punta afilada y temerosa para el bandidaje. Para el sombrero, recorté el ala de una pamela que mi tía Victoria regaló a mi hermana Emilia para que se resguardara del sol cuando fuera a bañarse a la alberca de su amiga Herminia. Y como además manejaba el látigo don Diego, que así se llamaba de paisano, se lo pedí prestado a la Concha, que lo usaba para medirle los lomos a la piara de cerdos de la comunidad que ella cuidaba con mucho celo.

Monté en el colín y salí disparado, y como era de noche nadie que hubiera leído el cuento vería mis defectos en la ropa, ni el color del caballo, que ya sé que era negro en el original. Ni Bucéfalo superaba al mío. Atravesaba valles y montañas y ríos, persiguiendo a los que querían robar el trigo de las eras, que era mentira, que no robó nadie ni un solo grano del trigo limpio y amontonado que esperaba ser trasladado a los costales al día siguiente; pero yo veía en el sueño, y parecía de verdad, que una cuadrilla de ladrones estaban robando en la eras y dejando sin trigo a los pobres labradores. Después de mucho caminar, buscándolos por toda la geografía manchega, les di alcance en Castilseras antes de cruzar el río Alcudia por el puente de la estación del ferrocarril. Y en el mismo momento de irlos a ajusticiar, me despertó el canto de un gallo cario que tiraniza al corral de casa desde hace años. Un gallo soberbio que se cree que el día llega para oírlo cantar. Era al alba. Y ya no me volví a dormir, encelado en las imágenes del sueño que todavía se proyectaban en el duermevela.
Esta mañana probaré al colín, me dije antes de levantarme. Y esta mañana me he ido a la casa de mi abuela Felicia, he pasado a ella sin disimulos, me ha preguntado adónde vas, al corral, le contesto. Abro la puerta trasera, gano un patio, paso un corral y en el trascorral se halla el colín, en un rincón, a la sombra; me mira, mueve la cabeza, bufa un poco, y pienso, por su compostura, que me conoce y me está esperando.
-Anoche cabalgamos juntos, colín -le hablo-, y ahora quiero que me des unas vueltas por aquí. Quiero sentirme El Zorro y don Diego de la Vega al mismo tiempo. Seremos amigos.
Lo acerco a una pared medianera, y el caballo dócil; la escalo aprovechando los huecos que dejan las piedras sujetándome a la crin, y el caballo quieto. Le rozo inevitablemente el anca con la pierna derecha, salto, me encaramo a él con esfuerzo, y el caballo quieto. Me conoce, sabe que me llevó a la era la otra noche con mi tío, su dueño. Eres bonito y grande, colín, te pondré un nombre que te gustará y te haré famoso entre los caballos del pueblo. Me gusta Babieca, pero ya está inventado. Nos echaremos al campo y con el calabozo del abuelo Julián haré sangre a quien haga daño a las mujeres y a los niños. Y a los ancianos también, que pasan mucho frío en los inviernos y hay que protegerlos de todo.
Me tumbo en su lomo, le acaricio el cuello, y el caballo sereno. Vamos, caballito, mientras me paseas y nos vamos conociendo mejor, pensaré en un nombre que te vaya bien y no un nombre cualquiera como Blanquito o Gurriato, que tú los conoces y no valen la mitad que tú. Me enderezo, me animo, lo espoleo, levanto el brazo derecho, grito ¡a por ellos!, se asusta y antes que se piensa, respinga, me tira al suelo y caigo de cabeza en el estiércol. Miro al caballo, mueve la cabeza y hasta parece que se ríe.
-Ya sé cuál va a ser tu nombre: ¡hijoputa!






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rapme dijo
No todos los sueños tienen un final feliz, eh?
FELIZ FINDE!
BESOS!
20 Enero 2008 | 12:23 AM