AYER NO; PERO HOY ME DUELEN MUCHAS COSAS

NADA ME ES El dolor es oscuro y largo, como un túnel; es violento, es rudo y despierta de su mundo insolente sin avisar. Su sabor es amargo, como la almendra venenosa, y seco, como un golpe malintencionado. Vive en las tinieblas, agazapado, esperando el momento de castigar nítidamente el estómago, las entrañas, el corazón... El dolor terebrante, el dolor de la pena lacerante, nos vacía de aire y de contenidos y nos hace mirar sesgadamente y despacio.
AJENO AL DOLOR
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Cuando el cerebro se rinde, el corazón se entrega al dolor; si se hace fuerte, el corazón, sufriendo, mantiene su latir vigoroso. Aún así sus umbrales no estén en el cerebro, pues la capacidad para el dolor pertenece al misterio de la personalidad, de la misma manera que la intensidad de la queja que sale de quien la padece.
El alivio es su oponente. Y es una de las sensaciones más placenteras que el ser humano puede experimentar. Cuanto más agudo sea el dolor mayor deleite advertiremos en su desaparición.
Quien no sufre no goza. El sufrimiento lo llevamos pegado a nuestra vida, como un lunar o un antojo. Nos diferencia la causa, a veces más imaginaria que real, pues los espantajos psíquicos en personas de sociedades opulentas provoca
n un dolor tan lacerante como el hambre o la muerte en las gentes del mundo pobre.
A mí hoy no me duele nada propio. Me duele la hambruna que mata; me duele el llanto de un niño y la desesperación del parado; me duele la pobreza digna y la sombra horrible que envuelve a la mujer deprimida; me duele el anciano sin hogar y sin familia; me duele la oscuridad del indiferente y la cerrazón del tibio; me duele el pensamiento turbio y la palabra lodienta.

Ayer solamente sentía mi dolor. Hoy me duelen muchas cosas que habitan fuera de mí.
Y me alivia la esperanza.








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fenicia dijo
A mi tampoco me duele nada propio,pero hay tanto dólor...
kiss
20 Enero 2008 | 01:17 PM