GRANDES SUPERFICIES
EN IKEA SI NO SABES LEER LO PASAS MAL
--¿Qué estás haciendo? No sé como no te lo sabes de memoria. ¡Si ya has lo has medido cuarenta veces! Me habla Beatriz, que cree que todas las memorias son como la suya.
--Quiero lo que quiero. Hay que encontrar la librería como sea; ya sabes que cuando no es el color es la medida. Así no podemos seguir más tiempo, el rincón desentona y a mí me hace falta el mueble.
En esas estábamos cuando suena el timbre de la puerta. Es el vecino del tercero que trae un papel en la mano para que le escanee el documento, porque es tarde, las tiendas han cerrado y no puedo esperar hasta mañana. Si haces el favor.
¡Cómo no!
¡Te voy a distraer de tu ocupación! ¿Qué estás haciendo?
Y le cuento lo que pretendo y las dificultades que he tenido hasta hora.
--Vete a Ikea, allí tenemos muebles de todos los tipos y colores. Estoy seguro que lo vas a encontrar.
No hace falta decir que el vecino trabaja allí. Tampoco hace falta decir que se llama Genaro, y aunque este dato no importa en absoluto, yo lo digo.
Decididamente voy al sitio. Son 10 km. Lleva abierto un mes y no me había enterado de su apertura. Inmensa explanada para aparcar, inmenso local. Entro valeroso, casi osado, dominando escenarios de este tipo. Pero me equivoco, me pierdo dentro, me topo con todo lo que no me interesa: cerámica, martillos, hules, cortinas... No me importa; pregunto a una señorita que me parece viste uniforme y me responde que ella no es de allí, que aquí estoy yo igual que tú. No le he caído bien. Miro por todos los lados procurando acertar con alguien que lleve una chapita en la solapa, que ya no quiero equivocarme no vaya a ser que el próximo error lo pague con un posible exabrupto. No hay nadie que me pueda ayudar, la gente está como yo, dando vueltas y más vueltas. Me volví a encontrar con la de azul y le sonreí para agradarle, porque me pareció que me miró mal cuando la confundí.
No me desanimo. Vuelvo a la entrada, allí tiene que haber alguien, por fuerza: la cajera, el vigilante, quien sea. La cajera, sin mirarme, me dice que espere por favor, no ve que estoy atendiendo, en el cuarto pasillo contando desde allí (me lo señala con el dedo sin mirar a nadie), al fondo y luego a la izquierda, todo seguido. Y para allá voy sin saber exactamente desde dónde contar. Me dejo atrás las lámparas, más de dos mil; las jardineras, los abonos, las tijeras de podar... No, esto no es lo que yo vengo buscando. Cacerolas, hornos, mobiliario de cocina. No, no y no. Relojes, un ciento. Si estuvieran marchando me valdrían al menos para saber la hora. Estoy de nuevo perdido, me cambio de sitio, la gente sigue dando vueltas como si paseara y disfrutara del paisaje, nos decimos hola y adiós como si fuéramos del barrio, pero nadie con el rotulito en la solapa. Y cuando ya decido tomar las de Villadiego intentando orientarme hacia la salida, tropiezo con una pila de maderas cortadas y embaladas en fuertes cartones con leyendas en etiquetas pegadas. Aquí, aquí está lo mío, digo alborozado. Vuelvo a mirar por si hubiera alguien que me asesorara y no lo hallo. Me hago un croquis mental para no perderme y acudo a la cajera.
--Lo tiene usted todo detallado en el exterior del paquete. No le podemos ayudar, pero no tendrá problemas, ¿sabe usted leer?
--Aprendí en la escuela, de pequeño; pero no sé si aquí mis conocimientos serán suficientes. Y cuando elija el paquete, ¿qué?
--Lo trae hasta aquí, paga, y se va.
¡Ah!, hay que pagar también.
Como si estuviera en mi casa me armo de valor, muevo las pilas, tiro al suelo las que no me sirven, hago un reguero a mi alrededor, me subo en las que yo mismo he apilado y tiro de las de arriba para dejarlas de nuevo en el suelo. ¡Si aquí nadie me ve!, y si me ve, mejor: que vengan a ayudarme. Me estoy gustando y termino por poner patas arriba aquello. Una hora más tarde, por fin encuentro lo que busco: color cerezo y las medidas casi exactas. No veo lo que hay dentro pero yo confío en la honestidad de Ikea y de mi vecino Genaro, ¡hasta ahí podíamos llegar! Esto pesa lo suyo, un carrito me hace falta. No los hay. A rastras llevo el envoltorio hasta la caja.
--¿Es usted?
Miro a mi alrededor y no hay nadie.
--¡Vaya!, encontró lo que buscaba. Ve como no es difícil.
--Sabiendo leer, aquí en Ikea no hay problemas. Superfácil, digo empleando y presumiendo de un lenguaje infantil. Y un carrito para trasladarlo al coche, ¿habrá?
--No.
--¡Ya decía yo! Lo que dice la pegatina esta es creíble, ¿verdad? No vaya a ser que...
--Nadie nos ha reclamado nunca nada. Aquí no nos equivocamos, señor.
--¿Traerá un manual para armar este trasto? Las herramientas para ponerla de pie vienen incorporadas, ¿no?
--¡Por supuesto! Todo lo tenemos previsto. Es superfácil, ya lo verá.
Con mil fatigas, el envoltorio al coche. Y a casa. Mañana la armaré.
Aquí estoy de nuevo. Rompo el cartón y no es cerezo; es pino. Vuelvo a Ikea, enojado, con los ánimos rotos. Otros 10 km.
--Mire usted, fuera dice cerezo y dentro es pino, ¿qué pasa aquí?
--¿Seguro que es el mismo paquete que el que usted se llevó?
--¿Qué me quiere insinuar, que he falsificado yo la madera o el papel?
--¿Trae usted el ticket de compra? A ver. Páselo y elija otro, no podemos hacer otra cosa.
Vuelta a empezar. Habían organizado lo que yo desorganicé y lo que he vuelto a desorganizar. Ahora rompo el cartón, esta gente a mí no me toma más el pelo. Con fatigas lo acarreo y lo llevo al coche, lo aparco donde puedo, me lo subo a casa, también como puedo. Me cruzo con Genaro, te puedo ayudar, no, gracias, ya no me hace falta.
--Oye Genaro, en Ikea, ¿cuándo trabajáis, cuando cortáis los árboles?





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padron-duenas dijo
Pues fíjate que aquí tb hay uno y me llamo mucho la atención que todos son iguales... pero iguales... da igual si vas a de N.Y el de aquí o el de Barcelona... cuando entras te sientes que estas en un laberinto. Y la mercancía es la misma.... vi algo que me gusto en N.Y pero como estaba de viaje no me era conveniente... y cuando voy al de aquí estaba hasta en el mismo rincón. Pero eso de armar muebles no va conmigo soy muy impaciente y torpe. Con la única herramienta que soy hábil es con el saca corchos para el vino.
25 Febrero 2008 | 01:38 AM