EL INFIERNO
BENEDICTO XVI DESDICE A JUAN PABLO II Siempre hubo discusiones sobre el infierno. A Benedicto XVI le ha dado por afirmar –esto no es nuevo- que el infierno existe y es eterno. A la gente moderna le ha dado por reírse y hacer burla, y lo dicen argumentando que un padre no manda a su hijo a que se tueste en brasas al rojo vivo por muy harto que esté de él. Quiero pensar que los obispos, y los curas desde su palco de platea privilegiada, dicen estas cosas para meter el miedo en el cuerpo a la gente que fornica espontáneamente, que es la que en mayor peligro está y la más merecedora de los más terribles castigos eclesiásticos. Por ahí no se pasa, amigo. Los que por circunstancias –llamémoslas equis- hemos bajado al hondón de lo humano sabemos que un minuto después de rozar la gloria o encontrarte con ella, notamos el corazó A nadie se nos oculta la prisión que supone el elitismo, que es esa conciencia de perfección y superioridad que nos hace imaginar que nada nuevo se esconde bajo el sol, que todo se sabe, que ya no se puede aprender del Papa ni del mendigo. En mi caso particular –que sólo me sirve a mí para tranquilizar la conciencia y caminar contabilizando los pasos que voy dando-, no me cabe duda que el infierno existe y comienza aquí donde vivimos y nos tratamos. En los textos bíblicos hay escrito que antes que la vida eterna, recibiríamos el ciento por uno; aquí, donde nos hablamos unos con otros. ¿Estará igualmente la gloria aquí? Infierno es tener el alma llena de nostalgia y vivir fingiendo que es suficiente esta vida o este amor terrenos. Infierno es encubrir que uno desea alcanzar el infinito, que no está hecho para el amor total. Que la dulce tristeza que una sinfonía que deja huella en el ánimo no es más que una señal en una noche vacía. Infierno es sentir la ansiedad de comprar un vestido para calmarla y volver a sentir esa ansiedad para volver a comprar. Y así, ¿hasta cuándo? Este acto compulsivo no nos deja reconocer que a uno lo hicieron para algo más que para comprar un bolso o un sombrero, o para recibir o dar un beso furtivo. El infierno está aquí. Por eso hay que creer que existe. La iglesia maternal, la única que concede alas a las ansias profundas del corazón impuro, herido por el deseo de infinito, nos queda. Menos mal. Le damos las gracias a Benedicto XVI por desafiar las burlas de aquellos que pretenden saberlo todo.

n vacío. No hace falta que nos asusten con el pecado y con el infierno.













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fenicia dijo
Yo tambien pienso que un padre no manda a su hijo a asarse vivo entre llamas y haga lo que haga lo perdona.
En fin,opiniones hay diversas...
kisses
26 Marzo 2008 | 07:32 PM