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Terra
La Coctelera

sisapo

27 Marzo 2008

JOSÉ TOMÁS

El toro de Guisando que pace en piedra al pie de las murallas de Ávila, hermano de sangre de los berracos iberos primigenios, se había vestido de bonito y andaba mugiendo de contento por la ciudad, de corrillo en corrillo, perorando sobre los tres principios básicos del arte del toreo: parar, templar y mandar. Se le veía sentencioso y eufórico, con la plenitud cósmica que se les pone a los aficionados en las grandes ocasiones. No era para menos, porque esta tarde de domingo torea en la ciudad José Tomás, el inmóvil de sí mismo, el sonámbulo del albero, en mano a mano con El Juli.

Ya andaba revuelta la ciudad muchos días antes, como un viejo burgo que se preparase para un asedio. La Protectora de Animales, para no faltar a una de las más nobles y antiguas tradiciones taurinas, había manifestado su antitaurinismo radical con la ya manida retahíla de argumentos sentimentales, tan inútiles de contraponer a las sentimentales razones de los buenos aficionados. Se había apoderado de la ciudad un cierto clima de embriaguez festiva, de orgulloso delirio reivindicativo en el que se mezclaban la fe, la convicción y el puro bochinche, como en el puerto de Mesina la noche previa a que zarpasen las galeras rumbo a la batalla de Lepanto.

En el bar, sin ninguna prisa esperando mesa, el camarero se estira y comenta:

-Hoy somos la envidia del mundo, joven. Esta es la capital del universo taurino. ¿De dónde vienes, porque estás aquí por la corrida, no?

-¡Naturalmente!, le habla mi anfitrión, del que soy deudor cautivo desde muchos años atrás.

Estamos en el bar del hotel Palacio de los Velada, mentidero de la causa. Los corrillos elucubran sobre la actualidad del toro. Se comenta la cogida grave de Luis Francisco Esplá en Francia. El toro le empitonó y le acertó en el escroto. Un tertuliano con su luminosa vejez y su whisky con hielo en vaso corto, es quien lo comenta. Hay rubias de bote en la cafetería, que sujetan el catavinos por la base, en un pellizco delicado. Hay pijos de rizosa melenita con gomina y bronceado torrefacto de patrón de vela. Hay ancianos flemáticos derrumbados en los sofás del patio acristalado del hotel, fuera del mundo, como en un sueño de antiguas faenas platónicas. Hay un trío de gitanos lorqueños que mantienen en la boca un punto de cante rumbero que lo sostienen ante la mirada inquisitorial de algunos feligreses.
Todos tienen en los ojos el brillo de los peregrinos, como yo, que esperamos impactantes el milagro de las grandes faenas. Uno de tez oscura y de aspecto montuno le pregunta al barman, que está manejando la coctelera con la precisión de un percusionista habanero:

--¿Qué tiene José Tomás que no tienen los otros?

--Verdad y leyenda, como este ginfizz de aquí adentro, apunta el barman serio y complacido.

No se lo ha pensado. Porque tener leyenda siendo de Galapagar es casi un fervoroso insulto. Si hubiera nacido en Córdoba, ¿qué apelativo le hubiera puesto o hasta dónde lo habría elevado? Pero ahora pienso yo, y me digo que la leyenda que envuelve a los elegidos suele ser caprichosa y, aunque posee sus razones, estas razones no suelen poseer fundamento. El azar es así: señala y enviste; apunta y unge. Los que no comprenden la esencia de las leyendas se dicen, aturdidos, que José Tomás no ejerce de matador a tiempo completo, que no se le conocen hazañas de sábanas, que la depresión aletea en su cabeza, que es socio del Atleti y no hincha del Madrid. Ingredientes para alimentar su leyenda.

José Tomás posee algo intangible pero evidente a la vista: el misterio. Misterio y tradición de gran toreo. El misterio no tiene explicación, es un aura que se desprende de algunos y de otros no. (Manolete, el ídolo de José Tomás, lo poseía en grado sumo, y cuentan que cuando llegaba a cualquier sitio, la gente se callaba.) La mejor tradición taurina se revela haciendo las cosas con seriedad, con hondura, sin aspavientos ni cohetería, con la llamada quietud, que es lentitud en realidad: Toreo franco hacia la emoción estética.

José Tomás es un elegido por todo eso, y porque los hombres, lo sepan o no, son criaturas líricas, animales narrativos que exigen héroes. La fábula, el relato de la vida en la vida, constituye una necesidad, un alimento, un pan que se come junto con el pan.

LA CORRIDA

Hay un acuerdo unánime en la plaza. Él, que está en el secreto, ejerce de vínculo para que asistamos a la conmoción. Ortega y Gasset, en su tratado La caza y los toros, dice que “quien no se haya construido con rigurosa construcción lo que sucede en una plaza de toros no podrá entender la Historia de España”. Hoy hay aquí algo de la España presente al olor del torero que todos queremos ver: políticos y politicones; la nobleza y el pueblo de a pie; famosos, famosillos y famorrendos; los que no saben pero quieren saber y los partidarios ciegos; los pelmazos parlanchines y los observadores silentes. Aquí sí se ejerce la democracia: mezcla de entendimiento, saber y opiniones diversas hacia una misma dirección. No falta una cofradía de vascos que están santificando la tarde con chistorra y vino tinto, bebido a gañote, de una bota más que zurrada.

No fue una tarde para la gloria. El Juli estuvo más afortunado y salió a hombros con oreja de cada uno de sus toros. José Tomás mostró una vez más su quietud budista, su clasicismo vigoroso, y unos estatuarios en el segundo para la memoria. Aprovechó para desmontar la teoría de que un diestro rico no se arrima. No se puede decir que esté canino precisamente y se pasó a sus oponentes a micras de su taleguilla. Ha formulado además una nueva ley de la impenetrabilidad de los cuerpos, haciendo etérea la materia en virtud de un desprecio por la misma que nace de un valor infinito. Y, por si fuera poco, reivindicó la esencia del tomismo –ahora reconvertido en tomasismo-: ver para creer. Y miles de espectadores vieron, creyeron y cayeron rendidos ante él. Su premio: un apéndice.

Después, en el rincón de la muralla donde pasta inmóvil, volví a ver al toro de Guisando que mugía a la luna el relato de la tarde en la plaza, ahora que José Tomás ha vuelto para quedarse. Dicen.

_________________________________________________________________

DE JOAQUIN SABINA A JOSÉ TOMÁS

Un remate, que era lo que le hacia falta a este relato. Una cuchufleta de Joaquín Sabina.

servido por sisapo 11 comentarios compártelo

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

pepita-grilla-y-grunona

pepita-grilla-y-grunona dijo

Perdón por la ausencia de tu blog, en cuanto vuelva te comento
Mientras recibe un abrazo

27 Marzo 2008 | 09:27 PM

quien-si-no

quien-si-no dijo

Que tiene? la incosciencia, el miedo, la sangre que le corre por las venas, pero el no la siente, por que lo que siente ni el mismo debe entenderlo, por que decidio ser torero y creo que el sabe que le llevara a la gloria un toro,...

ojala sea muy tarde

por que sale al redondel, y desde los medios reza, o cuadno baja la cabeza y entre su montera y el, conversan y se confiesan , tengo miedo, pero hoy puedo con el

y entonces cita a ese toro, ciñe su cuerpo con el , le mira con el deseo de quien mira a una mujer, y le cuida, y se hace un hueco, y manda y lo hace saber, y nunca deja ese temple que un buen maestro debe tener, hasta llegar como llega a ponerse delante de el, y decirle; hoy te pude, ahora lo vas a saber,

y desenfunda el estoque, y sin dejar de mirarle, como noble que lo es, hasta la bola, en todo lo alto, como debe de ser.

y cuando dobla el astado, rendido ante sus pies, le da las gracias y dice; hoy pude yo, tu me hiciste rey

que tiene?, solo el lo sabe, ¿lo que tiene? , solo el!!

saludos y gracias, no pude resistirme :)

27 Marzo 2008 | 09:41 PM

el-hombre-del-tibet

el-hombre-del-tibet dijo

Amigo Mario como no quiero ser hipócrita, te confesaré que no me gusta la “fiesta de los toros “ahora bien no dejo de reconocer que es algo que nos viene muy de lejos , que es algo muy arraizado en el sentir de nuestro pueblo Y que no seré yo el que se manifieste, ni de puntapiés de rabieta a los aficionados, pero los veo tan hermosos ( me refiero a los toros ), tan nobles, que no veo el por qué han de morir de una forma tan humillante, espero no te enfades con tu amigo el chimpancé, tan solo es un sentir y como tal lo expreso ,ya me lo decía mi padre ,hijo eres un Sevillano raro ,porque cuando los niños jugaban al toreo ,yo prefería lanzarme de las lianas que hacíamos en un enorme eucalipto que había a la orilla de un riachuelo .

Un fuerte abrazo amigo.

27 Marzo 2008 | 09:43 PM

Juanita

Juanita dijo

completamente de acuerdo con el hombre del tibet ¡hasta pronto!

27 Marzo 2008 | 09:48 PM

el-hombre-del-tibet

el-hombre-del-tibet dijo

Mario amigo ,nos hemos cruzado en el camino ,gracias por el aviso.

un abrazo

27 Marzo 2008 | 09:52 PM

carronada

carronada dijo

Que tendra Jose Tomas, que tendra... que aqui en Pontevedra ni estando 3 horas antes en la cola, se consigue un pase para ver al maestro...

Saludos.

27 Marzo 2008 | 10:03 PM

Mario Hidalga Redondo

Mario Hidalga Redondo dijo

Grillá, no tienes que justificarte. Yo te recuerdo.

Quien, ¡Cómo se nota que el toreo lo sientes, que lo llevas tú también en la sangre. Hablas con pasión y quiero entender que no es sólo por José Tomás. Durante años fuí un seguidor fiel del arte de Cúchares, pero me desanimaron tantos viajes, tantos seguimientos, para sufrir sólo decepciones y más decepciones. Así que ahora me quedan visitas esporádicas y muy contadas a las plazas de toros. Pero admiro esa lucha del gladiador con el animal construída con arte, con amor al toro, con tensión, con fuerza, aunque haya sangre de por medio bien del toro o del torero. Pero esto es así.

Juanita, yo sé que estás en contra de la fiesta, pero, ¿te has parado a pensar que el toro bravo no existiría sin el toreo; que si al toro no se mata no hay riesgo ni emoción (el toro sería otro diferente) y la fiesta no sería igual? ¿Que el toro bravo estaría extinto, como los dinosaurios? El hecho de que haya un sector de público que no esté de acuerdo, está bien para la fiesta y para todos. Porque expresarse libremente y con honestidad os honra.

Tibet, creí, sinceramente, que pertenecías al mundo taurino. Discúlpame. Yo pienso que el animal no muere humillado, muere acosando a un hombre, intentándolo matar; peleando en la plaza, que para eso ha sido criado a cuerpo de rey durante cinco años. Hay sangre, como en una guerra, que es a lo que vamos.En fin, como en todas las cosas, debe haber discrepancias. ¡Si las tienen hasta los Papas! ¡Cómo me voy a enfadar contigo, ni de coña!

Un abrazo a todos

27 Marzo 2008 | 10:27 PM

el-hombre-del-tibet

el-hombre-del-tibet dijo

¿DE QUE TE TIENES QUE DISCULPAR BUEN HOMBRE?
En todo caso soy yo el que tiene que pedir disculpas por sacar el estoque.

Otro abrazo Mario, anda que hoy esto de un cariñoso…

27 Marzo 2008 | 10:36 PM

poinmasia

poinmasia dijo

Mira, cariño, si te pagan por escribir, lo haces muy bien. Cualquier causa se rompería los cuernos por tenerte. Y, además, también sabes leer. Eres una joya ...envenená. (Como ves, estoy un poco enfadá. Pero en el fondo te sigo queriendo. Eres mi primer amor- bloguero, y eso no se olvida. ¡Muá!)

28 Marzo 2008 | 08:37 AM

juanita

juanita dijo

¡Mi querido Mario!! yo entiendo tus razones y aún más, cuando la española es una cultura arraigada en los toros, pero no las comparto y eso no quiere decir que me enfado contigo, te tengo mucho cariño eres adorable como ser humano, Que tengas una felíz tarde

28 Marzo 2008 | 09:58 PM

pepita-grilla-y-grunona

pepita-grilla-y-grunona dijo

Gracias por excusarme..y sobre todo por recordarme.

un abrazo mario

31 Marzo 2008 | 01:01 AM

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Sobre mí

_________________________________________________________________________________ Mi web:
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