MOLINOS DE LA MANCHA
Hoy voy viajando sin moverme, quiero decir desde la mesa de mi estudio, por mi tierra, hermosa y querida. Y desconocida. Ningún trabajo me cuesta ceñirme a la realidad porque la conozco casi a la perfección. Me gusta novelar, me hallo a gusto cuando invento, me encuentro a mí mismo cuando fabulo sobre una historia de misterio, sobre un crimen jamás conocido por su pureza y perfección. Pero hoy no me hace falta echar mano de la fantasía o de la entelequia. Lo que aquí abajo se dice es pura realidad.
Bien está dar a conocer detalles de lo que se ama aunque resulte de una pedantería pirógena, pero es difícil sustraerse a lo que cobija el alma. Y se dice y se expone pidiendo perdón a quienes conocen los caminos que surcan la llanura y a los que este paisaje que con tanta fuerza me nace les resulta indiferente. O alejado por la geografía o las ideas.
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La inmensa llanura manchega está salpicada de cresterías y serranías secas y austeras. El cielo interminable se refleja en unas cuantas lagunas interiores que son oasis de caminantes, y donde siguen congregándose multitud de peculiares especies de aves. Y, por supuesto...
-Aquellos que allí ves –respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. -Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos no son gigantes, sino molinos de viento. -Bien parece –respondió Don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes. En Consuegra, sobre el cerro Calderico, al que se debe escalar a pie para mayor solaz, disponemos de una fascinante vista, probablemente la más bella, de sus once molinos harineros, inmaculados y perennes contra el cielo azul, excesivamente azul, que apisona el paisaje de La Mancha. Más allá o más acá, según se vaya o se venga, el castillo de San Juan en hilera con los gigantes en un apretado compromiso de defensa. Rememorar desde su pie que tamaña salvaguardia no sería la primera vez que ocurriera, pues ya en el año 1097 fue defendido por el Rey Alfonso VI del asedio de las huestes almorávides y donde murió Diego Rodríguez, hijo del Cid Campeador. La Mancha es una de esas inmensas soledades que quedan en España, como el Valle de Alcudia al que pertenezco y el que se incorpora al paisaje. Una soledad agitada por una vida tremenda que casi no se percibe desde lejos, pero que te abruma y te posee hasta la fatiga cuando te entregas a ella.
Como gigantes contra el cielo, moviendo sus brazos amenazadores, encontramos los molinos que Don Quijote vio en Consuegra (dominadora desde su altura del río Amarguillo, tributario del Guadiana), en Campo de Criptana (en su dominio fisiográfico se desarrollan complejos lagunares y es cruzado por el cauce del río Záncara), en Mota del Cuervo (villa santiaguista y balcón de la Mancha) ... Estas tres poblaciones, visitables en un solo día gracias a las llanas carreteras que las unen, albergan los molinos
de viento mejor conservados de toda España. Y siguen allí, como hace varios siglos, aunque ahora como recuerdos mudos de siglos pasados. Los modernos caballeros, los que hoy quedan, se acercan a ellos con respeto y veneración para conocer de primera mano cómo influyeron en la vida de sus coetáneos y para rememorar en nuestra imaginación la colosal aventura quijotesca en la que Don Quijote transmigró la personalidad:
-¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.


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Torre de encabritados miradores,
intermedio de surcos y de nubes,
el molino de viento tiene un subes,
un subes y un abajas vibradores.
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(Está frente a los vientos llegadores,
delante de los surcos y las nubes,
y aterriza en los campos si te subes
a sus encabritados miradores).
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Tiene una solitaria ejecutoria
con aspas relojeras. Determina
monotonía en círculos de noria.
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Resiste en su puntal, tiembla, se inclina
curvado en su velamen. Muele historia
lidiando el viento-toro que lo empina.








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quien-si-no dijo
Buen soneto, si señor, lleno de fuerza,
eres su autor , supongo, !!!felicidades!!!
y el viaje, todo un reto, ser como Quijote, y mirar con los ojos del que siente la tierra a sus pies, no mirar la realidad, ella esta,no se ha de ir, pero se puede mirar lo que le hizo sentir al ufano caballero, que decidio un dia salir, y conquistar sus molinos o en ellos morir, despues de saber que eran gigantes lo que veia, y quien le podria quitar la idea de la cabeza, si el decidio creer, que eran y no serian lo que los demas dijeran
locura o cordura cruel???
buen post, lo trabajas mucho, enhorabuena
10 Abril 2008 | 01:05 AM