SIN TI LOS PÁJAROS NO PASAN POR MI CIELO
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Te encontré de nuevo, princesa. En medio de la primavera y tras meses de ausencia te volví a ver en la cena de la Convención. Te sentaste a mi lado y participamos en una charla banal, compitiendo en insipidez con el resto de los comensales. Luego, a solas y lejos, hablamos de nuestras cosas: el motivo de nuestro silencio, de tu nuevo trabajo y nuevo destino, de mi vida, de la tuya, de mis proyectos, de los tuyos..., y llegamos a la conclusión que ninguna persona se había interpuesto entre nosotros. En ti y en mí vivían felices e intactos los recuerdos.
Entre cristales oscuros y luces veladas, con la voz baja, celosa de otras voces, hablábamos. Muy cerca, muy juntos. Y fuiste tú quien se adelantó a mis deseos y rozaron tus labios los míos. Noté la calidez de tu persona, la tibieza de tu cuerpo, el aleteo de tu pecho.
Me reclamaste de nuevo.
No me lo pidas, no te merezco; tú sabes quien soy, sabes que no soy libre y que no moveré un dedo para liberarme de mi atadura familiar; a pesar de que los mejores caminos los hemos recorrido tú y yo, escondidos, huidos, enredados en un amor prohibido. Dura es la carga de arrastrarse uno mismo sin esperanza.
Princesa, el impulso sexual está hecho de la misma materia que el religioso. Eso dicen. Desearte es rezar, y por eso parece un misterio querer averiguar todo lo que Dios quiere que hagamos más allá de la religión o de la moral. Nada de eso me interesa. Mi religión eres tú y cuando estás cerca como ahora pienso que Dios es una letra, una palabra, un poema o un libro que no se deja escribir. La confusión revolotea en mí.
Dices que soy tu dios y yo te digo que mi dios eres tú. ¿Dónde está la verdad? No existe fuera de nosotros, sino en función de nosotros. Todo lo que pasa y todo lo que es está hecho para ambos.
No me pidas que te siga. Siempre tendré excusas para seguir viéndote, para continuar amándote; pero mis pasos no son los mismos que los tuyos. Una primavera nos buscó y en esa primavera te amé, pero ahora te hablo sin tener la conciencia clara y me dejo querer. Y todo lo que hablo es mentira y todo lo que hablo es verdad. Si lo pretendemos habrá otras ocasiones como ésta y me mirarás a los ojos como sólo tú me has sabido mirar, y yo callaré porque me gustaría inventar palabras, pero en el amor todas están inventadas. Ya no hay palabras que no se dejen hablar o escribir. Pero si esta ocasión es la última y no te vuelvo a ver nunca más me parecerá que he dejado de existir, sin darme cuenta que la vida es importante aunque no lo sea, pero es lo único que tenemos.
Princesa, no te vayas, yo pienso en ti. Tal vez el misterio de la vida sea eso, pensar en ti, gritándole a Dios, un dios que puedes ser tú.
Si te vas, ya nada será igual. Habrá un viento que me estará llamando y con él oiré tu voz, te sentiré muy cerca y recobraré la geometría de tu cuerpo, nunca olvidada. Aún así no me exijas que te acompañe en tu caminar.
Pero siempre te esperaré, pase lo que pase. Ven desde todos los caminos, por las pistas del cielo, por donde sea; pero ven. Desde los amores truncados, desde los pasos perdidos, desde la melancolía que hay detrás de una despedida, desde las renuncias, desde el juramento, desde el otro lado del mundo, ven. ¡Ven! Yo acudiré desde el último rincón del planeta, desde el sendero que habitan los furtivos y no tienen otra patria más allá del susurro de un nombre o el de una esperanza muerta. Me protegeré con ropón taimado y volveré a hacer un viaje más para seguir andando por los caminos de sombras y por las tardes con amor.
Princesa, soy un dibujo en el aire, una brisa, una senda en el cielo, una onda en el lago: total, nada. Recuerda que una vez doblada la curva del tiempo nos juramos desobediencia a todo lo impuesto, y nos prometimos vencer al abismo y a las tinieblas. No te importó jurar. Ahora a mi tampoco me importa invocarte. Ven, estoy solo. Esta noche ven. No sé estar sin ti. Te he visto en el perfil de otras mujeres, he tocado otros cuerpos porque eran el tuyo, he amado porque era a ti a quien acariciaba. Y si han fingido amarme, he descubierto la trama porque estoy acostumbrado a tu calor y a la forma de apurar la copa.
En tus ojos hay anocheceres excelsos, déjame esta noche mirarlos de cerca, reconocer su brillo, y yo cruzaré la orilla de la prudencia y del riesgo para romper la corteza de la vida, que es fruta, y libar su pulpa. Después te guiaré cuando se vayan las estrellas, yo conozco la oscuridad, ya los sabes de otras veces; he caminado por su centro y he vivido junto a los que en amor nada tienen que perder. Quédate conmigo esta noche, toca mi mano, interpreta de nuevo los enigmas que ningún hechicero sabrá descifrar nunca; léeme la carta que aparece en mi sonrisa, esa misiva que se queda flotando hasta que el calor de tu cuerpo la borra y la cubre toda de olvido.
Te amo y te espero. Llega antes de que el reloj de la medianoche llore el nuevo día. Cantará el gallo y no lo oiremos. Ven antes de que la tramontana del tiempo liquide nuestras cartas de la suerte para siempre, deshoja los pétalos de tu vida, acude pronto.
Te espero con una copa en la mano, con un brindis al cielo y con un ruido de máquinas en mi cerebro. Sin ti los pájaros no pasan por mi cielo.
Te lo suplico, equivócate y ven.
Pero no me pidas que te siga.
Yo siempre te llamaré.
Y tú, ¿me contestarás?









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mAGA dijo
oops! cuánta pasión.... oh la la...
l ´amourrrrrrr
1 Julio 2008 | 04:59 AM