TAN REAL COMO LA VIDA MISMA...
...ESTE CASO EXÓTICO
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- Hoy vienes triste, Antonio, no estás de tu natural.
Antonio llega hoy a la oficina fatigado, abatido, con los ojos hinchados y con ojeras. Parece que anoche no durmió ni bien ni suficiente. Es un hombre visceral y efusivo, ojos astutos, piel surcada por ríos de apasionamiento, delgado, canoso y alto, poco agraciado físicamente. Resopla cuando habla y habla demasiado y con vehemencia. Por eso y porque fuma constantemente hay que retirarse cuando se acerca a conversar. Cumple a satisfacción en el trabajo, pues aunque debido a su aceleración (consecuencia de su congénita forma de ser) no se concentra lo que debiera, es, sin embargo, eficiente en líneas generales. Fuma hasta el atropello y deja encendido y a medio consumir un cigarro en cada esquina del mostrador si transcurren en cada estancia cinco minutos de charla. Pertenece a una familia de posición económica media, pero más aparente hacia arriba que real, y que es bien vista por la mitad del pueblo y mal vista por la otra mitad; quiero decir lo que digo, esto es, sin valoraciones intermedias. Las causas tienen su raíz en las ideas políticas, que trastornan a todos los familiares: se hallan a la derecha de la derecha. Particularmente Antonio es tan terco defendiendo sus convicciones que su frenesí pone en efervescencia sus palabras. Su ira ha llegado a despedir de la oficina, sin ninguna autoridad que lo confirmara, a personas de diferentes ideologías. Y se le amonesta, pero si la situación vuelve a repetirse su exaltación traicionará a la razón y delinquirá de nuevo sin recordar o sin hacer caso de los apercibimientos.
Él se define como católico, apostólico y romano, y cumple, junto a sus familiares, con los preceptos religiosos a rajatabla. Otro dato a tener en cuenta para el final de esta historia.
Como es políticamente correcto, actúa como tal y aborrece a cualquier ciudadano que no se halle enmarcado en sus cánones y se aparte, por tanto, de sus valores (producto de una espiritualidad delicada), referidos estos al color de la piel y a las doctrinas y credos de la más rancia hidalguía españolas: los negros, amarillos, gitanos, árabes, etc. son razas impuras que no debieran existir; y a esta lista hay que añadir a protestantes, comunistas, luteranos, calvinistas...
Yo pienso que en su vida se da una contradicción salvaje y sañuda por cuanto no hay sindéresis que aguante el cisma que él ejerce entre religión y racismo. Pero no hay quien le haga ver que la religión que él profesa no va por ese camino.
- Es que anoche no dormí. Me lo dice con rabia.
No hace falta decir la mano izquierda que hube de aplicar hasta llegar a convencerle que sería bueno repartir su problema conmigo para aliviar en lo posible su dolor.
- Es que ayer por la tarde mi hermano se presentó en casa, nos contó una historia sobre nosotros y a su resulta estuvimos llorando todos toda la noche. Resulta que la hija de mi hermano, la que está estudiando farmacia en Madrid... (aquí se le quebró la voz, se le desmayó como una flor lacia), pues..., pues que ha salido embarazada.
- Eso, hoy, Antonio, no está mal visto, no debes preocuparte por las habladurías. Se casarán y...
No me escucha, no atiende a razones.
- Menuda le ha caído a mi hermano. Este año era el último de carrera de mi sobrina, que con ello se le aliviaría un poco su economía, y ahora, ya ves, tres bocas más que le caen. Si antes no podía pagar las letras de su negocio, imagínate ahora. Porque el padre de la criatura es estudiante como ella y no tiene oficio ni beneficio. Así que buena la tenemos.
- Pero esta es una situación pasajera, no debes alarmarte, dije conciliador. Se casarán y... Tampoco me deja terminar la frase.
¡Cómo se van a casar, si sus padres están divorciados y no son localizables! El padre vive en Estados Unidos y la madre nadie sabe dónde. ¿Y quieres que te diga una cosa?, que sus padres no son católicos y no se hablan entre ellos. ¡Son protestantes! No queremos ni oír hablar de ellos. Así que menuda vergüenza nos están haciendo pasar la pareja. ¿Qué le vamos a contar al pueblo, a ver, dime tú?
-Eso es lo de menos, Antonio, ¡qué te puede importar! Si se quieren que se casen; y deduzco que serán felices siempre que ellos no tengan en cuenta a sus respectivos padres, argumenté con crudeza.
- Ella no puede ser feliz casándose con un hombre como ese, lo tenemos como enemigo desde ya. Y también porque lo primero que tendrá que hacer mi sobrina es dejar los estudios y venirse a vivir aquí con nosotros. Una ruina y una deshonra para la familia.
- No digas eso. Me da la impresión que estáis canalizando este asunto como un problema económico.
En este punto Antonio se detiene y me mira fijamente. Enarca las cejas, resopla, se cambia el cigarro de mano y tamborilea con sus dedos sarmentosos la mesa. Se le nota enojado, herido. Se pone de pie y habla casi gritando.
- ¿Te parece poco? El negocio de mi hermano, mal; mi sobrina, que no me negarás que es una vergüenza para mi familia que salga embarazada, no sólo no va a terminar nunca la carrera, sino que nos van a caer dos bocas más que alimentar; no se podrán casar, porque los padres de él no son católicos y, por si fuera poco, nadie sabe por dónde se andan. Y ¿quieres que te diga más? Protestantes nada menos; que no son gente de fiar.
Se me acerca hasta tocarme. Mira a los lados y hacia atrás. Advierte la soledad que nos circunda y se atreve a decir y a zanjar la conversación:
- Y a más y más, es negro, como sus padres. ¿Qué te creías?
Después, en casa, pensé que si hay una Ley de Murphy que trate sobre la desgracia, Antonio es el más indicado como ejemplo. ¡El pobre!













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kiamara dijo
Mario
me has dejado confundida ¿es real ? me parece subrrealista la historia
no me lo puedo creer ja ja pobre hombre
espero que la sobrina tenga paciencia y aguante !!! pobriña !!!
besos
11 Octubre 2008 | 01:20 AM