¡ADIÓS RECUERDOS, ADIÓS!

HAY PERSONAS QUE LO PASAN MAL EN ESTOS DÍAS, YO LAS CONOZCO.
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Corren los días, corren los meses y muere el año, que le da paso a otro, montado en el tiovivo de la vida de manera frenética. En este caminar uno va dejando atrás todo lo que ama y todo lo que pretende olvidar y no puede, porque a empujones entran los recuerdos en la cabeza sin pedir permiso. Nadamos en nuestros flujos, por eso nos emborrachamos de presencias. Que siempre fueron gratas en el momento en que se vivieron, pero ahora, tan lejanas en el tiempo y tan metidas en el corazón, la espina del tiempo se encarniza en él. Si hay flaqueza de ánimos, estas cosas se afirman y atornillan en la memoria hasta hacernos sufrir, hasta arrancar el dolor. 
Como en el poema siguiente, ahora lloramos lo que hemos perdido antes de lo que podemos ganar, que de esto ya nos encargaremos otro día. Ahora toca sin remedio, porque así somos, recordar el pasado, ese que nunca jamás se ha de repetir, y llorar y gozar con él, según qué o quién. Y este fenómeno tan cansino, que coincide siempre con la Navidad (¡cosas de la vida!),
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Entonces, ¿por qué escribo?
Pues bien, porque así somos,
reloj que repetimos
eternamente lo mismo.
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no sé por qué me ha hecho recordar a Rosalía de Castro, poeta, junto a Bécquer, considerados como los únicos poetas “vivos” de la lírica española del siglo XIX, hasta la llegada del modernismo.
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Corre el viento, el río pasa,
corren nubes, nubes corren
caminito de mi casa.
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Casa mía, abrigo mío;
vanse todos, yo me quedo
sin compañía ni amigo.
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Anochece..., muere el día,
lejos tocan las campanas
el toque de Ave María.
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Tocan sí, para que rece;
yo no rezo, que el sollozo
ahogándome parece
que por mí debe rezar.
Campanas de Bastabales,
cuando yo os oigo tocar,
me muero de soledades.
***
Adiós ríos, adiós fuentes,
adiós regatos pequeños,
adiós vista de mis ojos,
no sé cuando nos veremos.
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Tierra mía, tierra mía,
tierra donde me crié,
huertecita que amo tanto,
higuerita que planté,
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prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
pajarillos piadores,
casita de mi contento,
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Dejo amigos por extraños,
y la vega por el mar,
dejo, en fin, cuanto bien quiero...
¡Quién pudiera no dejar!...
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Adiós, adiós, que me voy,
yerbitas del camposanto
do mi padre se enterró,
yerbitas que besé tanto,
tierrecita que os crió.
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Ya se oyen lejos, muy lejos,
las campanas del Pomar;
para mí, ¡ay!, desdichado,
nunca más han de tocar.
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Ya se oyen lejos, más lejos...
cada toque es un dolor;
me voy solo, sin arrimo...
Tierra mía, ¡adiós, adiós!
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¡Adiós también, queridita!...
Adiós por siempre quizá...
Dígote este adiós llorando
desde la orilla del mar:
No me olvides, queridita
si muero de soledad...
Tantas leguas mar adentro...
¡Casita mía!, ¡mi hogar!
***
(Rosalía de Castro)














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Toñi Cantón dijo
Que hermoso Poema de Rosalía de Castro... lo dicho anteriormente Mario... Feliz año nuevo...
31 Diciembre 2008 | 11:34 AM