LA COCINA EN LA LITERATURA

Cervantes, en su obra magistral “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha” ofrece, como buen condimento, un sinfín de citas geográficas, y glosa con gusto las costumbres gastronómicas manchegas. Mas, al hablar de productos y platos manchegos, Cervantes es cauto con el fin de no adscribirlos a punto alguno, al igual que niega cuna al prosista de don Alonso Quijano “cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de La Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero”.
De este modo, no dice qué población manchega ostenta la paternidad de las gachas, aquellas tan blancas, que, un día, don Quijote confundió con requesón y que Sancho Panza había guardado en su celada. Ni cuál es el lugar donde se dio luz al queso manchego que Cervantes antepone al entonces muy afamado y turolense de El Tronchón.
Por el contrario, el héroe lepantino sí refleja el difícil equilibrio alimenticio, pues unas veces abunda la comida y otras escasea, tal y como corresponde a un mundo antiguo que se dividió en pueblos que comían bien y pueblos que no. No es extraño que sentenciara aquello de que “la mejor salsa del mundo es el hambre”, porque cuando esta campea todo sabe exquisito. Cruel péndulo que oscila entre la cocina de un rico labriego, buena y abundante como la narrada en las bodas del afortunado Camacho, y el semanal menú del enjuto hidalgo, que si no era de gotera poco le faltaba: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos…”.También hace relato Cervantes de la apetitosa dieta de los hombres de iglesia, en especial de los sujetos a las órdenes militares que tanto asiento disfrutaron en La Mancha. Gracias a ellas todos los platos presentados ante Sancho al tomar posesión de su ínsula Barataria nacen en la cocina noble de esta tierra y, en consecuencia, son desconocidos para él, hombre de concreta cultura gastronómica de raíz islámica. Motivo de alarma y miedos inquisitoriales para el fiel escudero al escuchar de labios del bachiller Sansón Carrasco que el consumo de esas viandas era frecuente entre gentes seguidoras del profeta.
YA ACAECIDO EL HECHO, TARDE LLEGA EL CONSEJO.





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Maga dijo
Ah si si si.. de la mano de Cervantes tu recorres la tierra Manchega, sus encinares, arroyos y pueblos. Eso me encanta.. un tour antiguo pero si lo viera seguro no encontraría mucha diferencia. Me gusta el ángulo de la cocina, ciertamente... aunque muchas veces habla de comidas sencillas como ajos crudos, pan, aceite de oliva (y que todo se comía Sancho con buen diente).
Mi obra favorita siempre será y eso que es difícil elegir.
Me encanta ver tu tecla Mario consentido, al lado de tu post..
Besos.
10 Junio 2009 | 04:06 AM