VIENE EL OTOÑO...
... Y LA VENDIMA
Ya ha entrado el otoño. Como una visita sin cita previa se nos ha presentado por estos predios. Ha bastado un día completo de lluvia, el de ayer, para hacernos cambiar la perspectiva sobre el tiempo. El cielo se ha tornado turbio y cenizo. El agua se derrama por la campiña, cuándo mansueta, cuándo haciendo estragos en imprecisos y alocados turbiones. Está blando el terreno, embarrados los caminos. Siguen los pájaros trinando en las arboledas, pero ahora ateridos de frío.
He viajado recientemente a Valdepeñas, capital del vino manchego en el corazón de La Mancha. Los pueblos de la provincia de Ciudad Real son grandes y están muy distanciados unos de otros. Se ha pretendido explicar este fenómeno de las distancias con el hecho de que no existe el minifundio, que las plantaciones, destacadamente la vid, ocupan enormes extensiones de terreno y que no exige una labor de todos los días, mientras que en los lagares y en las bodegas sí, y que para la época de las faenas están en el campo las quinterías. Quizá sea que las quinterías sustituyen a los pueblos. En mi recorrido por La Mancha he visto a los jornaleros de la tierra consagrarse en las tareas de la vendimia. El tiempo le puso ceño adusto a la recolección y las brigadas de vendimiadores se afanan en los pagos, bajo la llovizna. Por las trochas ruedan los tractores, con sus remolques cargados de racimos. Ruedo despacio por la carretera y observo lo que puedo desde el coche. Los racimos no son rubios y apretados de fruto, las uvas son granos ralos que se ensartan en fláccidos escobajos. Pregunto en Valdepeñas: “la cosecha es regular, nada más que regular, tirando a mala”, me dicen. La uva pasmó con los fríos inoportunos de junio y es muy posible, me pregunto con discreción, si por la campiña manchega no habrán planeado las neblinas, un enemigo que entra solapado y con ruindad y que resulta más dañino que la lluvia.
Estoicos y cazurros, los campesinos observan un panorama de preocupación. Ha estado a punto de dejarse la uva en la cepa y morirse de vieja, hacerse pasa y pudrirse en la soledad del campo. Envejecer con los pámpanos, cuando ya bermellones quedan a la espera de la poda. Han bajado tanto los precios que se ha necesitado un convenio con el gobierno para arreglar las cosas y poder disfrutar de vino con la denominación “Valdepeñas”.
Amo esta tierra, ha crujido el campo bajo mis pies, he coronado cerros, he comido en la misma sartén con pastores en su campo bermejo, he amado y he criado hijos en ella. Cuando la visito me recorre por la espalda un escalofrío de añoranza.
Si no canso, seguiré hablando de esta tierra, que es un mundo aparte en la geografía española.



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El Mayoral dijo
Hacía tiempo que no me asomaba por estas páginas de tublog, el que veo sigues cultivando cada día con más esmero. Tus textos cada día más limpios,más selectivos, más llamativos, más...
¡Qué peazo especialista en los temas descriptivos...!!
Enhorabuena, niño de Hipolitillo: "conocete, aceptate, superate", y "no dejes de escribir tu fiebre por las paredes"
19 Septiembre 2009 | 12:19 PM