POR TIERRAS DE LA MANCHA: TOMELLOSO I


Iglesia y casino
Por donde quiera que crucemos el núcleo de La Mancha, siempre nos perseguirá la vasta planicie de viñedos. Hasta a una autovía que la cruza se le ha dado el nombre oficial de “autovía de los viñedos”.
Tomelloso es una alargada pincelada de cal en el horizonte. Por estas tierras y en estas fechas la vendimia ha finalizado y comienzan a secarse las hojas de las vides, y la misma sabana que ayer verdeaba ahora se va enriqueciendo con una paleta de colores en la que predominan los calientes: rojos, naranjas, ocres, amarillos… sin faltar el morado. Árboles, pocos; sólo a modo de vigías los imprescindibles fresnos tristones en el borde de la carretera, o una ringla de álamos negros que deslinda propiedades. Reluce el Záncara. Es bello este paisaje, y esta llanada inmensa de delicada lindura no sólo te hace amarlo, también te hace pensar.
¿Cómo debió ser esta planicie antes de los viñedos? Los datos establecen la veracidad de que en los finales del siglo XVIII se plantaron las primeras cepas en el circundo de Tomelloso. ¿Y antes? Apenas nada; debieron ser estos llanos pobres campos cerealistas, menguados olivares, ralos encinares y barbechos para el majadeo de las ovejas. Como toda empresa agrícola y revolucionaria, se desconoce el origen vacilante y tímido; pero sí conocemos del cultivo masivo de las viñas y de una industrialización que, en unos cien años, convirtió este poblachón, perdido en el llano mesetario, en una ciudad de 40.000 personas, animada, disparatada y versátil en su urbanización y, lo más importante, dotada de un envidiable espíritu emprendedor. No sé por qué me hace creer que esta tierra no daba para más, que estos campos pedregosos no admitían otra dedicación diferente y optaron por este monocultivo como la única garantía de rentabilidad. Riesgos habría y a vegadas calamitosos, pero quien la sigue la persigue, que así reza el refrán.
Se inclinan sobre la plana sarmentosa miles de vendimiadores. Transitan por los caminos tractores repletos hacia las bodegas con la misma fe que lo harían si se encaminasen en romería a ofrendar los frutos a la Virgen milagrera de la ermita. Y en su caminar, despacioso trán-trán, la uva dorada se cierne lenta y delicada, se esponja hasta acomodarse y apretarse en un lecho de gozosas lágrimas. Una vez alzada la cosecha, atrás quedan los granos que no se vendimiaron por olvido o por intemporales colgando de la cepa para una segunda vendimia, hecha por los particulares de la rebusca. Ahora ya se ven solas las cupulillas de los “bombos”, unas edificaciones de las que ya hablaremos.
Tomelloso recoge en la otoñada más de 8 millones de arrobas de vino. Son muchos millones de litros, sabiendo que la costumbre del país es medir por arrobas de 16 litros. Para quien no esté familiarizado estas cifras causan respeto y sorpresa. A mí me dejan boquiabierto y pasmón. ¿Dónde se remansa tanto líquido? Sorprende la actividad de estos agricultores. Hay unas cuarenta bodegas de cierto volumen, hay otras pocas que lo superan y hay varios millares de bodeguillas. Podría decirse que cada casa tiene la suya, porque antes del cooperativismo el cultivador elaboraba y guardaba sus vinos en el sótano de su vivienda, o en un subterráneo del patizuelo. De ahí le viene la amplitud a la localidad, ancha y larga, hechas sus calles en una desordenada cuadrícula, cuyas vías terminan en borrosas campas. Se han fabricado las cavas por un procedimiento muy original: bajo el suelo pétreo, de un metro a metro y medio de espesor, se excavaron las tierras y de esta guisa la bóveda de piedra sirve de techumbre. En ocasiones, y porque conviene, se ha reforzado la bóveda plana con pilares y así todo el recinto se consolidó.

Pero se vive la era del cooperativismo y esas bodeguillas familiares van cediendo a los almacenes gigantescos, del mismo modo que las tinajas de barro de Villarrobledo son suplantadas por enormes botas de cemento. Hoy Tomelloso se da cuenta de que es un pueblo industrial y aunque el viñedo sigue siendo el principal motor económico, otros cultivos se han abierto paso (melón, olivo, pimiento, etc.) y crecen las explotaciones ganaderas. Por ahí me han dicho que su renta por habitante es la más alta de la provincia de Ciudad Real y por encima de la media nacional.
¿Y por qué no?







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pichu dijo
Te lo tengo que preguntar, aunque no tenga nada que ver con Tomelloso (por cierto, hasta donde se habían muchos más bosques de los que te imaginas en el XVII-XVIII, quedan reductos, era esa la mancha boscosa de Don Quijote).
¿Sabes si han empezado a excavar el anfiteatro romano de Sisapo? Tengo mucha curiosidad. Si no es así, y si lo sabes ¿Con qué están liados ahora?
Nada más, sigue con el blog ;)
10 Octubre 2009 | 04:39 PM