POR TIERRAS DE LA MANCHA: ARGAMASILLA DE ALBA
FACHADA E INTERIORES DE LA CASA MEDRANO

Casa Medrano, 1880
Iba a salir de Tomelloso sin rumbo predeterminado, pero mientras me espabilaba con un segundo café tomado en la barra del casino, recordé un pasaje del Quijote, leído por la noche en el hotel en el que quedamos alojados mi mujer y yo: es que me acompaña en el coche uno de esos libros que tuvo a bien editar, conmemorando el cuarto centenario de la aparición de la novela, la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha al precio de un euro cada ejemplar. Y al dar fin al café pensé que tan cerca andaba de las puertas de Argamasilla que imposible sería alejarme del Campo de Alba sin hacerle una visita.
El tiempo es espléndido en estos días, antes ha estado metido en aguas y la gente del campo sonríe satisfecha, pues el copioso refranero cita que las lluvias de octubre son barruntos de cosecha abundante. Terminó la vendimia y los labriegos que se ven ahora en el campo son unas vagas sombras fugitivas. Verdean los campos de alfalfa, el agua mana, bien es verdad que escasa, en los pozos. La vida cultural renace de sus cenizas. ¿Qué cenizas? Pues la vieja academia que aquí conoció Cervantes. Se celebran certámenes literarios y exposiciones pictóricas. Me dicen que antes el artista que llegaba al pueblo, ávido de captar sus rincones, tenía cama y estudio en un molino de viento cabe el antiguo cauce del Guadiana. Cervantes escucharía complacido a los insignes académicos en sus tertulias intelectuales.

Cueva Medrano
Argamasilla de Alba se tiende sobre un chaparrón de sol otoñal. Se fueron las aguas y no parece otra cosa sino que empezamos a disfrutar de una nueva primavera, tal es la benignidad del clima. Es ésta la Argamasilla de Cervantes, de su prisión y de otras muchas cosas vulgarizadas. Paseo sus calles blancas de cal. Afuera, el río sale a la campiña y en La Membrilleja ejecuta la peripecia de su escamoteo. Los entendidos le llaman Alto Guadiana desde que sale de Ruidera hasta esta misteriosa desaparición, y desde Villarrubia de los Ojos, que vuelve a aflorar, hasta Ayamonte, Bajo Guadiana. Yo también fondeo en los entresijos de la historia. Fue fundado por D. Diego de Toledo, prior de San Juan y segundo duque de la casa de Alba, tras varios emplazamientos frustrados, en 1531. ¿Y cuándo vivió Don Alonso, el buen caballero retratado en las páginas del libro de Cervantes? Veamos. Tengo leído que Cervantes escribía con lentitud y su imaginación era tarda en elaborar. En 1605 sale a la luz la obra, mas ya entonces el buen caballero había fenecido y hemos de suponer que Cervantes debió de comenzar a planear la obra después de acontecer esta muerte, esto es, podemos vaticinar que don Alonso vivió a mediados del siglo XVI, entre los años de 1570 a 1575.


Cuando mora en ella el hidalgo Don Alonso de Quijano, la vida es activa y próspera. Cuando Cervantes transita por sus calles y observa a sus mujeres, y lo encierran en la cueva de Medrano por galante piropeador, osado e inoportuno –si el atrevimiento que dio con sus huesos en la cárcel fue leyenda o ficción, poco importa para este cuento-, la población gozaba de una magnífica salud mental. Y física, por lo que se deduce del hecho que acaba con los huesos en la cárcel de Cervantes.
Los moriscos, agrónomos y artesanos ejemplares, convirtieron los sequedales en apacibles huertos. Fueron plantados próceres y umbrosos árboles. Así de reposada era la vida. Pero los moriscos son expulsados en 1613 y a renglón seguido las huertas se tornan eriales, las arboledas abatidas, los batanes del río se inmovilizan, la vida languidece, se vuelve mustia y huraña. Argamasilla pierde la mitad de sus vecinos. Carlos III, un siglo después, pretende recuperarla de su postración, pero se frustra el intento. La Desamortización con un reparto de tierras mejora su estado. Se plantan vides y se restaura la economía. Hoy por hoy, Argamasilla goza de prosperidad.
Hay pueblos…, pero quédese para otro día el seguimiento.








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Jo dijo
Estupenda crónica. Sobre que Cervantes era tardo en escribir y lento en imaginar, hay mucho que decir a eso. Piénsese que entre la aparición de la primera parte (1605) y la segunda (1615) del Quijote, Cervantes publicó lo más granaddo de su obra: las novelas ejemplares (1613), no pocos entremeses y el Persiles (muy poco antes de morir en 1616). Solo es anterior a esta década milagrosa su obra de teatro Numancia, La Galatea y algunas que otras poesías sueltas.
31 Octubre 2009 | 06:46 PM