POR TIERRAS DE LA MANCHA: LAGUNAS DE RUIDERA I

Tomo el camino de Ruidera. Los campos yacen repolludos, Sierra Morena se estriba azulada a lo lejos y uniforme en su altura. Transito por la misma llanura parda, yerma, desolada, que ya conozco; pero en este extremo de la campiña, el más oriental de La Mancha, al paisaje le presta un poco de viveza, como alegrándola a trechos, esbeltos álamos y grandes chopos que destacan confusos, como velados, en el ambiente turbio de la mañana. Por estos paraje pasearía el bueno de don Alonso Quijano una y mil veces; su casa estaba en las afueras del pueblo – después extensa bodega-, lindando con la huerta, entoldado el camino de campo por una sombría arboleda. Saldría de casa con un libro en la mano, el mismo u otro, cansado de leer en su estancia y perdido en sus quimeras y embobado en sus ensueños. Ya sabemos que don Alonso Quijano era el hidalgo don Rodrigo de Pacheco, conmovido su ánimo por quién sabe qué tormentas y desvaríos. Ya lo apunté ayer, en la iglesia de Argamasilla se puede ver en un lienzo patinado, desgarrado, muy padecido, un personaje de ojos hundidos y espirituales, frente ancha, pensativa, labios finos y sensuales, y una barba rubia, espesa y acabada en punta. La pintura es un voto que el caballero le ofreció a la Virgen porque le libró de una “frialdad que se le cuajó dentro del cerebro” y que le hacía clamar grandes clamores “de día y de noche”. Está escrito debajo del lienzo.

Mas en fin, prosigamos la marcha. El paisaje se esfuerza en cambiar, diviso unas alamedas entre los recodos de las lomas bajas; las picazas, a modo de saludo, se levantan de los sembrados, vuelan en corto y tornan raudas a los surcos. Y después de estas piezas paniegas vienen los viñedos de nuevo. Y luego la vega, una honda cañada por donde el Guadiana discurre. Y ahí mismo, el castillo de Peñarroya, cuya ermita ha sido restaurada. Al pie del castillo está la presa y al fondo la que fuera famosa hacienda de “La Moraleda”, del conde de Gamazo, donde se celebraban cacerías reales, saraos, y donde se movieron muchos hilos de la política nacional. Por el cauce del Guadiana aún se ven restos arquitectónicos, ruinas de lo que fueron aquellos batanes que tan mala noche hicieron pasar a Sancho.
…Oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo. Digo que oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que pusieran pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de don Quijote.

Y ya que hablo de él, el castillo de Peñarroya fue conquistado a la Orden de San Juan en 1198 por el caballero Pérez Sanabria. Despoblado en el s. XIV es el mejor conservado de nuestra región. Alberga a la ermita de Nuestra Señora de Peñarroya, patrona de Argamasilla de Alba y La Solana. Los orígenes de la antigua ermita datan de la Reconquista; reedificada en el s. XVIII, siguió conservando su planta original, con sus dos recintos y la torre del homenaje.
Sigo mi caminar. Me sale al paso Ruidera, la Cueva de Montesinos y el Castillo de Rochafrida.
¡Ay, Rochafrida! Aquí lloró amargamente la ausencia de su amado, el caballero Montesinos, la muy cortejada doncella Doña Rosaflorida. Es el argumento de un romance del siglo XV, una más de tantas elegías amorosas. Muy cantado en tiempos de los Reyes Católicos y comienzos de Carlos V.
Fonte frida, fonte frida
fonte frida y con amor,
de todas las avecicas
van tomar consolación,
sino es la Tortolica,
que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera a pasar
el traidor de Ruiseñor;
las palabras que le dice
llenas son de traición:
- “Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.”
- “Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde
ni en prado que tenga flor;
que si el agua hallo clara
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido
porque hijos no haya, no;
no quiero placer con ellos,
ni menos consolación.
¡Déjame triste, enemigo,
malo, falso, mal traidor;
que no quiero ser tu amiga
ni casar contigo, no!”
(Recogida por Menéndez Pidal en “Flor nueva de romances viejos”)
Si celebrada era en la Edad Media la fidelidad de la tórtola viuda, que se posa en las ramas secas para llorar su dolor y enturbia el agua clara antes de beberla, yo también soy fiel a mi recorrido por las tierras de Castilla La Mancha.









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fenicia dijo
Gracias por lograr que viajemos contigo por esos interesantes lúgares y su historia.
Me alegro de leerte.
No tardes tanto en publicar!
kisses
23 Noviembre 2009 | 10:57 AM