POR TIERRAS DE LA MANCHA: ALCÁZAR DE SAN JUAN V
Apuntes sobre la primera salida de Don Quijote III

Las ventas, que fueron un empeño de los Reyes Católicos para favorecer el tráfico y el comercio interior, tenían una consideración tan especial que se les eximió del impuesto de la alcabala. Y lógicamente estaban situadas en caminos de recorrido habitual (la venta de la Inés o del Molinillo, de Rinconete y Cortadillo, o la del Zarzoso, próxima a mi pueblo, por ejemplo). Cerca del desenlace que hubo con Haldudo debió estar la venta, pues a la altura de Quero y Quintanar de la Orden la cañada real de Soria se bifurca en dos ramales, accidente que nos hace sospechar que coincide con el texto al afirmar éste que llegó a un camino que en cuatro se dividía, y que al andar de Rocinante, que queda libre de presión, toma la su querencia con una vitalidad extraña, por lo que supongo que su cuadra no andaría muy lejos.
Aporto un dato más, que me parece definitivo (¡pobre de mí!) para eliminar a Argamasilla de Alba como la patria olvidada, y es el referido al siguiente párrafo:
Y habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis…

Veamos. Don Quijote volvía a su casa después del incidente de Haldudo, y no había andado mucho más de cuatro kilómetros (dos millas) cuando sucede el encuentro con los mercaderes que se dirigen a Murcia. Inequívoco el dato pues nos sitúa en el trayecto entre Toledo y Murcia, de 59 leguas según Villuga nos cuenta en su “Repertorio”, descrito así: Toledo, Nambroca, Almonacid, Tembleque, Villacañas, Molinillo, Miguel Esteban, El Toboso, Manjavacas, Las Mesas, El Provencio, Minaya, La Roda, La Gineta, Albacete, etc., si bien había una segunda opción, saliendo de Toledo por el camino de Córdoba, hacia Nambroca, Almonacid, Mora, Consuegra, Madridejos, Camuñas, Villafranca, Alcázar de San Juan y Campo de Criptana, desde donde se desviaba para empalmar con El Toboso. Este dato nos sitúa la escena de la primera noche en una venta en las inmediaciones de Puerto Lápice en la ruta de Córdoba a Sevilla, muy posiblemente en la venta que se menciona en las Relaciones de Felipe II, que explica:
Camuñas. No es pueblo muy pasajero, aunque está en el paso de los carros que van de Toledo a Murcia e Valencia. Hay una venta dos leguas de esta villa.
Y la acción del segundo día nos presenta a Don Quijote retornando al norte por Herencia o Camuñas hacia Villafranca de los Caballeros y de ahí a su aldea, y no por Madridejos. ¿Por qué por este otro derrotero? Porque así se dice en el libro: estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen. Si por Madridejos, los hubiese visto a los mercaderes de espaldas y no de frente.
Entiendo que es prolijo y fatigoso leerme y pido disculpas de nuevo. Como también entiendo que hay que escenificar el episodio en un punto cercano a Villafranca, desde donde Don Quijote tomaría el desvío para ir más al norte y hacia el mediodía, pues cabe considerar que habría empleado la mañana en llegar a este punto desde la venta.
Por cierto -ya acabo, paciencia-, esta aventura no acaba bien para el caballero, pues termina molido a palos y con los huesos en la tierra. Lo encuentra Pablo Alonso, un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo. Y observen por una parte el grado de honradez de este individuo, que decide llevarlo a lomos de su burro y lo hace de noche para así evitar la exhibición de Don Quijote herido y el escarnio de verlo el público derrotado, detalle que olvidan el cura y el barbero al final del libro, trasladándole en una carreta y a la luz del día. Y obsérvese igualmente el paralelismo de este acto con Lanzarote.
¡Ay! pueblos de mis andaduras, qué lejos me están quedando ya vuestros recuerdos.



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HUNTER Forest snow dijo
He de reconocer de que no pude pasar de la segunda página, me resultaba cansada la lectura, como era joven, podían más mi sed de aventuras. En el colegio salía del aprieto cogiendo un poco de ahí otro de acá y luego imaginación, que nunca me ha faltado. Ante la insólita pregunta del profesor de literatura sobre mi redacción de tal libro, el preguntó cual era mi opinión sobre el desatino.
Yo hablaba más de los molinos que de los personajes, tampoco mencionaba nada de la trama, me centré en los gigantes. Mi atención era en su corazón, dando vueltas desmenuzando, machacando, triturando y sobre todo su mejor amigo, el viento.
Entonces critiqué la falta de preparación de D. Quijote, no se daba cuenta de que las aspas los días que el viento faltaba, no se movían. Su enseñanza nunca la comprendí, ya que yo juzgaba al caballero, al guerrero y a su enemigo y entre medias al viento.
Me puso un seis el muy cretino y me recomendó que me dejara de bobadas con el viento y el molino, que mirara sus palabras.
Cosa que no hice, desterré al Quijote de mi pensamiento y odié al profesor por su falta de comprensión.
He atravesado varias veces la mancha, en tren y en coche, me encantaba la visión de los campos dorados por el trigo, su multicolor tierra, sus gentes, sus manjares en la cocina y sobre todo sus mujeres, alegres, soy un espectador que solo mira y poco pide.
En un viaje en el talgo hacia Málaga, a mis hijos que eran pequeños, desde el vagón rstaurante del talgo, les ofrecí la visión panorámica de los campos, con sus enormes ventanales que nada que ver con las pobres ventanillas, pero poco caso me hicieron ya vieron que en la tv empezaba las tortugas ninja, y corrieron a sus asientos olvidando la espectacular visión de los campos de la Mancha.
Te pido perdón por salierme del guión.
Buen artículo aunque me canse, saludos.
2 Febrero 2010 | 12:08 PM