ALAMILLO CON LA CAL

Las casas: palomas blancas
alrededor de la iglesia.
Hay pueblos donde la cal de las fachadas adquiere una extraña cualidad. Desde el Burcio, lejano, encrestado y bizarro, entre el oleaje de tierra yerma, el tamujal del arroyo Grande y el alcor sobre el que duerme, las casas encaladas de Alamillo restallan como velas de blancura bajo el sol de la siesta. Sus calles son rectas, anchas y en cuadrícula, en las que se materializa el sueño de un universo cartesiano. Es un pueblo que aún enjalbega sus fachadas y sus patios floridos en honor del Santo Patrón San Antonio, lo que quiere decir que para el día 13 de junio de cada año luce la albura que es un primor. Pero hoy la cal anda un poco desorientada, tanto que empiezan a ganarle la partida los grises del cemento y la policromía del azulejo. Es triste ver cómo va desapareciendo, en este pueblo fronterizo que se asienta en La Mancha y mira con gusto a Córdoba y Badajoz, la puzolana y la belleza del zócalo pintado de añil. Pura comodidad. Y esta comodidad lleva hacia el derrotismo a los dos colores manchegos por excelencia: blanco y azul, que son el signo de una identidad colectiva y profunda.
En Alamillo, salvo aquellas fachadas que lucen zócalos, que son una prolongación de los suelos de los zaguanes –me parece que exhiben el lustre de los interiores de las viviendas- y que las han ido colonizando de una manera irreversible, por fortuna, digo, que en medio de esa heterogeneidad en la que asoma el tono rosa, o el salmón, o el verde flojo, sobrevive la cal, que es el color de la harina, el almagre, como un relámpago rojizo de la piedra arenisca de las iglesias, o los ocres alberos, o los marrones de la tierra, o los amarillos del trigo quemado por el sol.
Ni que decir tiene que por su toponimia Alamillo evoca, a falta de mejores leyendas, resonancias árabes aunque sin escritura heráldica y conservando las más profundas señas de identidad y memoria. Una identidad que mana de sus tradiciones.










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mAGA dijo
Marito hoy se me ha hecho densa tu escritura y con tèrminos extraños.. ENJALBEGA, ALBURA, PUZOLANA... què terminos tan poco comunes y yo que soy tan floja para consultar el RAL.. Me parece que Alamillo tiene su sabor y personalidad aun cuando los colores han cambiado un poco, lo digo por lo que he visto en las escasas fotos que he visto y por tu escritura en estos años; gran parte de España tiene reminiscencia Arabe y a mi eso me encanta. Afortunado que eres de haber nacido en esa tierra bella de la Mancha.
Un beso
21 Junio 2010 | 04:29 AM