SE EQUIVOCÓ LA PALOMA
Mi amigo regresó con ella, ambos felices, llenos de amor o de pasión o de arrebatos o de lo que sea. Ellos sabrán. Hicieron obra nueva, pintaron la casa, cambiaron muebles de lugar, compraron otros nuevos. Ella quiso una cocina grande, con encimera de piedra natural y campana de zinc. Le exigía a mi amigo que todo fuera muy grande, y le recordaba con demasiada frecuencia que venía de una tierra donde el viento le enseñó que nadie pone límites a la codicia, porque allí todo sobraba.
Y vivían, pero con el tiempo ella comenzó a enmudecer y a encarcelar sus iniciativas. Mi amigo Inocente, roto de amor o de pasión o de arrebatos o de lo que sea, quiso canalizar el curso del cauce desviado y le propuso normalizar la situación mediante la firma de papeles por casamiento. Pero ella no sabía de curas, ni creía en iglesias, ni le daba importancia a una relación formal: era libre como el agua, como el viento, como el pasto de su tierra esteparia. Y aunque a mi amigo no le faltaba una camisa planchada, ni un plato bien cocinado, ni un beso, ni un enredo de piernas con una cabalgada, lo que es hablar, nada de nada.
Se enclaustró en casa, se le nublaron sus ojos, tan limpios que eran; se movía con desgana, un talle que era de mimbre y junco; se le apagó la sonrisa, tan bella y cortés. Las vecinas, tras un año de espera, entraron en sospecha: aquí pasa algo, dijeron todas a una. La delación surtió sus efectos y a mi amigo se lo llevaron a la comisaría. Cuando a la mañana siguiente regresó a su casa, ella ya no estaba.
- ¿Y qué pasó después?, le pregunto fascinado por el final de la historia que me está contando.
- Pues, que se equivocó la paloma, chaval. No la he vuelto a ver. Me dejó una larga nota de despedida y me decía en ella que volvía al frío, a los horizontes limpios y lejanos; a embelesarse mirando el azul tumbada en la yerba; a bañarse en el río helado y escuchar su murmullo; a contarle sus cosas al viento; a oír el ladrido del perro en el pajar y el chirriar de la roldana; a ver hundirse el sol por la línea del cielo. Para mí que enfermó de añoranza. Escribió cosas que yo no entiendo, cosas muy raras, ¿sabes? Lástima de muchacha, hubiera dado mi vida por ella.
- Y ella la hubiera dado por nada si continúa aquí. Pienso.





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fenicia dijo
Si,se equivocó esa paloma.
Precioso como lo cuentas Mario querido.
Besos
23 Marzo 2011 | 04:24 PM