DE MARIACHIS VAMOS
Me preocupaba el angustioso estado de ánimo en que estaba inmerso, y era natural después del chasco que se llevó con la chica que vino del frío; una cosa así es difícil de asumir y no es fácil de superar. Y más cuando es la primera vez que llama a la puerta el amor y lo rozas, lo manoseas, lo abrazas con fuerza y lo empaquetas para que no se te vaya nunca jamás en la vida. Así que llamé a mi amigo Inocente y lo cité en “Moscatel”, la taberna de su esquina, para tomar unos vinos. Lo vi repuesto, como levantado del golpe, porque al entrar me saludó con un “Me invitas a una copa o te la invito, tenemos que brindar por nuestras cosas
- ¡Pero si sólo te falta el mariachi! ¿Qué, cómo estás?
- Jodido, pero contento A lo hecho, pecho. De algo me ha servido esta experiencia, pues en mis noches de soledad, y repasando las prácticas canallas sobre servicios y conductas comunes que hemos vivido ella y yo en la intimidad, he averiguado que tuve su cuerpo, no su alma. No me di cuenta que debía haberla conquistado igualmente. Lo supe porque en la última cena a la que la invité, salí del restaurante a su rebufo, casi sin cenar. Se levantó sin mediar palabra, pasó delante de mí sin esperarme, dueña de su cuerpo y de su alma, y no me dejó más opción que el pago de la factura. Yo no sabía qué pensar de su arrogancia, si es que a ella obedecía su comportamiento.
- Olvida su alma y míralo de otra forma, de la única que hay que verla. Tu chica era muy atractiva, de una arrogancia cautivadora y hasta insolente, y lo que hace apasionantes a muchas mujeres son precisamente esos ofensivos detalles que al mismo tiempo que las descalifican las encarecen. Ella lo sabía. Lo que tú has cursado de aquella noche, entre otras cosas, es que creíste ofensivo el revés amoroso cuando lo que debías haber aprendido es que aquello fue un hecho aislado, sin mayor importancia, rayano por su parte en la ordinariez. Y piensa en una cosa: el disgusto que te ocasionó esa chica no afectó a tu moral, sino que la rusticidad de ella –piensa y cree- dejó de ser vulgar desde el momento que conmovió tu orgullo y tu bolsillo. El problema está en ti, no en ella.
- ¡Palabras!, me dijo displicente.
- Necesitas diversión, vamos a pensar en algo.





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fenicia dijo
Magnifico!!
Besotes mancheguico.
28 Abril 2011 | 07:02 PM