GENTE CON CLASE
A mi amiga Gina, de México, por las virtudes que encarna. O así la veo yo
No ha pisado colegios de élite, ni es hombre de cuna ni en sus antecedentes familiares en los que hurgar; no es rico, sino humilde y verdadero, de un natural limpio y leal. No ha alcanzado el éxito en su vida, que la teje y desteje a su modo y manera. Y precisamente, en su vida no tiene por qué intervenir su inteligencia, su edad, su color de piel, ni su dinero, sino que a él se le distingue por una secreta seducción que emite por cada poro de su piel. Es un don tan fascinante o más que el talento. A eso se le llama tener clase. Y aunque tener clase no desestima la guapura física como un plus añadido, su sal y su encanto se halla en la lindura moral, que es la que determina cada uno de sus actos.
Hay cantidad de estos seres privilegiados en nuestra sociedad, sólo hay que observar y creer en ellos. Después, en la distancia corta, los descubres por su empeño en quedar bien, por agradar, por ofrecerse. Hay un halo estético propio expresado en su modo de hablar, de mirar, de andar, de sonreír, de permanecer en la sombra con tacto y tino, como si la educación la hubiese recibido como un regalo del cielo. A estas personas tan sobresalientes hasta les sienta bien la ropa, que se ahorma con elegancia a la “percha” de su esqueleto.
A uno de estos soberbios personajes pertenece mi amigo Inocente, al que he tenido aislado durante un mes por mor de un descanso que he tenido a bien concederme.
Siento la comparación, pero no me resisto a obviarla en este momento dado que me resultan agresivas ciertas actuaciones públicas que no son sino una avalancha de vulgaridad irritante. A diario las cámaras de TV nos ofrecen los comentarios de cualquier personajillo que mataría a lo más sagrado sólo por cinco minutos de gloria a cambio de pisotear y deshonrar a la sociedad entera. Pero dentro de esta fauna humana, chocarrera y ordinaria, quedan atrincherados afortunadamente gente con encanto que se afana en no perder su dignidad. Son ellos los que higienizan el caldo gordo de la calle y no permiten ser humillados.
Así es mi amigo Inocente.




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Manoli Panizo Ollero dijo
Un placer leerte, Mario.
27 Junio 2011 | 08:05 PM