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Terra
La Coctelera

sisapo

27 Agosto 2011

INFORMÁTICA

 Para sacudir su modorra y enervar sus ánimos, le recomendé a mi amigo Inocente la compra de un ordenador con el que distrajera su memoria, siempre afincada en la chica del país del frío. Lo único que sabe de estas máquinas es que las ve y las distingue cuando va al Banco, al Ayuntamiento o a algún otro organismo oficial. Me costó trabajo convencerle, pero al fin asintió a mi propuesta o, al menos, a pisar el establecimiento de una gran superficie.

Seleccionó un portátil de mil euros que yo le aconsejé y creyó que ya había terminado, que era suficiente con ese chisme.

- No, verás, te falta una impresora como complemento. Se hace imprescindible para cualquier trabajo que realices. ¿De dónde te crees tú que salen los papeles que te dan en el Santander cuando solicitas un extracto de la cuenta bancaria?

Y se fue derecho al empleado, oculto entre estantes repletos de aparatos de informática.

- Oiga, ¿las impresoras?

- A su espalda, al final.

- ¿Por qué no me atiende usted? Es que fíjese la gente que hay esperando.

- Imposible, lo mío son los antivirus y los accesorios.

- Pero si usted no tiene ahora a nadie que atender, digo yo que...

Nada de nada. Mi amigo mira su reloj y ve que lleva en la tienda cincuenta minutos y no ha resuelto nada. Y lo abandona pensando que ese hombre lleva en la cabeza un disco duro al que hay que ir cerrando un programa tras otro para activar la siguiente función.

En un anaquel se alinean más de treinta impresoras, identificadas por un display con el precio y una enumeración de sus habilidades, tantas que es imposible entender nada. Así que no tiene más remedio que esperar turno y que le atienda el experto.

- Veamos, ¿quiere usted una de inyección de tinta, de tambor, matricial...? Depende de para que la quiera usted.

- Pues para imprimir.

- ¿Y qué quiere usted imprimir?

- ¿Pues qué voy a imprimir?, papel. ¿O se puede imprimir la madera o el aluminio? También pensó que este empleado lleva un disco duro en la cabeza y funciona con un mecanicismo al que no está acostumbrado mi amigo Inocente.

- Bien, ¿la prefiere láser o de inyección?

- No sé, una cualquiera, qué más da; le dice aburrido de un tecnicismo del que no entiende nada.

- Quizá le interese uno de estos dos modelos, estos no necesitan cables porque se conectan con su ordenador por Wi-Fi y liberándole espacio en la mesa, que siempre es un engorro trabajar incómodo.

- ¿Me pueden llevar a casa un portátil y la impresora?

- No faltaría más. Pero lleva un suplemento de 25 euros.

- Bien, me llevo esta primera. ¿Me puede decir cómo funciona?

- Siento decirle que no lo sé. Comprenda que no puedo aprender el mecanismo de todas ellas, sería un suplicio, mi cabeza no da para tanto. Pero trae un libro explicativo en varios idiomas que le ayudará.

- ¿Usted cree que con el libro sabré poner en funcionamiento la impresora y el portátil?, le dice con retintín y harto, tanto del lenguaje tecnológico del empleado como por la pérdida de tiempo, que ya llega tarde a la hora del vermú con sus amigos.

- Lo lamento, ese problema es suyo.

- Sabe lo que le digo: este problema no es mío; el problema lo tiene usted por querer vender y no saber hacerlo.

- Vámonos de aquí, me dijo, no sé ni cómo te he hecho caso para venir a comprar estos cachivaches.

 

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Maga

Maga dijo

De verdad qué vendedor tan bruto.. si lo sabe su jefe seguro lo corre.

Besos, Marete.

28 Agosto 2011 | 05:39 AM

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Sobre mí

_________________________________________________________________________________ Mi web:
www.sisapo.es
Mi correo:
unalamillero01@msn.com ______________________________________________________________________________________ Soy un hombre del montón, pulcro y mórbido por el orden. Juego al ajedrez, hago crucigramas, bebo whisky de malta cuando escribo en noches cerradas, desentono en mi boca de lengua torpe algunas arias italianas mientras el agua de la ducha enfría mi cuerpo, pregunto sin pudor lo que ignoro y escucho complacido a los que hablan con sentido común. Los defectos los tengo en mi sitio y controlados y a mis alas no les falta ni una pluma. He sido expuesto a sequías y desmadres con las que he aprendido a convivir. Huyo de las joyas y de las pomadas y soy de conversación corta, fundada y terminante. En fin, un cabo de raza sin atractivos ni brillo. Del montón, ya quedó dicho. ____________________ ______________ contador de visitas
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