CARNESTOLENDAS
En Carnaval se revuelven todos los armarios, todos los baúles y todos los rincones de la casa. Se busca un disfraz, se embute y es entonces cuando se encuentra uno con su pasado. Eso dice mi madre. Cuando el Carnaval no se había comercializado, uno se iba a una tienda a comprarse máscaras y ropas de personajes de cuentos, tebeos o películas. Cuando no, lo que se hacía, me sigue contando, era disfrazarse con las ropas viejas propias o ajenas que uno encontraba en los arcones y en las maletas más arrinconadas de la casa.
Hay quienes sostienen, con mucho sentido común, que el Carnaval era una ocasión para, una vez al año, sacar todos los trastos viejos de casa, revisarlos y tirarlos a la basura, seleccionando antes lo que servía para disfrazarse. Es una oportunidad para ponerse trapos que ya no se llevan. Y se aprovecha para vivir unos días en unos hábitos que no son los propios y con unas caretas que no nos corresponden. O que esa careta nos transforma y nos hace sentir lo que verdaderamente somos y ocultamos cuando no la llevamos puesta.
Pasado el Carnaval llega la Cuaresma. Tiempo de quitarse la máscara y mirarnos tal como somos. Lo cual no es motivo de tristeza. Continúa mi madre diciendo que Dios nos ama tal como somos, sin disfraces ni etiquetas ni apariencias ni disimulos. Y si ella lo dice, será verdad.




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padron-duenas dijo
Recordar los carnavales, aquellos disfraces. Mi difraz favorito era ir de chino... por ahi anda una foto con mis hermanos. Ellos de charros Mejicanos y yo de chino. Un abrazo.
20 Febrero 2012 | 05:14 PM